Hay una expresión muy trajinada que señala que la ciencia o la tecnología no son ni buenas ni malas en sí mismo; todo depende del uso que se le den. Sus productos pueden tener un fin noble, como las vacunas que salvan vidas, o uno pernicioso, como las armas que acaban con ellas.
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Inteligencia regulada
La reflexión es muy atinada respecto de los aportes que hace o puede hacer la inteligencia artificial (IA). Los avances en la materia han sido tan extraordinarios y tan vertiginosos que hace pocos días expertos de diversos campos elaboraron y difundieron una carta abierta en la que piden establecer una pausa en el desarrollo de proyectos de IA a los fines de reflexionar sobre sus alcances y derivaciones. Sistemas de este tipo ya están en condiciones de mantener conversaciones similares a las humanas, crear obras artísticas, resumir documentos extensos y desarrollar los trabajos más complejos en todas las áreas del conocimiento a una velocidad y precisión mayor que la de cualquier ser humano.
Además de otros cuestionamientos, como el sesgo sexista de sus contendidos o la posibilidad de crear contendidos falsos muy difíciles de detectar para la inteligencia humana, la amenaza más grave que ven los expertos es que puede atentar contra el mundo del trabajo. La IA puede realizar funciones de mejor calidad y a un costo mucho menor, que muchos trabajadores humanos. Los empleos más amenazados son los mejores calificados, que no requieren de destreza física, por ejemplo.
“No puede dejar de preocuparnos el efecto que tienen en el mundo del trabajo. El hecho de que van a desplazar la labor humana es insoslayable, por lo que el impacto en la desigualdad y el desempleo debe ser una preocupación de primer orden –señaló, en una entrevista concedida a la agencia Télam, Fernando Schapachnik, director ejecutivo de la Fundación Sadosky-. Se sometió a la herramienta a una serie de tests estandarizados, esos que se rinden para entrar a la universidad, y se vio la diferencia de rendimiento de la versión original de Chat GPT y la versión nueva que salió 4 meses después. Esta herramienta podría calificar, metafóricamente, para empleos que gran parte de la población no podría porque no llegaría a esas calificaciones”.
No parece razonable despreciar los aportes virtuosos de la ciencia y la tecnología al desarrollo de la humanidad. Pero es preciso que haya restricciones para el uso nocivo de los adelantos científicos. Eso solo se logra con una correcta regulación de alcance global, lo cual no resultará sencillo por dos razones principales: porque supone una estrategia de coordinación entre las naciones muy compleja, pero además porque el mercado digital es muy poderoso, con capacidad de lobby que hasta el momento ha resistido todos los intentos de regulación.
De todos modos, aunque sea difícil, ponerle límites a la IA resulta imperioso para que la humanidad pueda beneficiarse de sus contribuciones positivas y protegerse de su potencial amenazante.