viernes 17 de mayo de 2024
Lo bueno, lo malo y lo feo

Inflación: precio y eficiencia

Por: CPN Raúl E. Macaroff

El día 27/03/2024 el ENRE (Ente Regulador de los Servicios Públicos en Catamarca) dio a conocer la resolución por la que autoriza un incremento del 114 % en el VAD (Valor Agregado de Distribución) para el servicio de energía eléctrica.

Nuevamente, asistimos a la parodia del autocontrol del Estado, en este caso para la distribuidora local de energía eléctrica a usuarios domiciliarios y empresas.

Nuevamente, o mejor dicho otra vez, se impone el criterio de cargar el diferencial de costos en los consumidores cautivos del servicio y ahora subidos al caballo oportunista de: "la culpa es de la política económica liberal de la nación", el ya poco original ‘¡Ah pero Macri!', renovado, que solo sirve para los acólitos e ignorantes (cada vez menos, señores gobernantes).

Pero este no es un comentario político sino técnico y allí vamos.

La inflación se define como el alza generalizada y sostenida de los precios, sus causas aún son motivo de discusión técnica y por lo tanto nos vamos a remitir sólo a los resultados de los últimos cincuenta años de la política económica argentina; la que en ese tiempo no logró erradicarla, ni mínimamente controlarla, salvo en contados y muy cortos lapsos de tiempo (Vrg: primeros cinco años de la Ley de Convertibilidad) (*).

Entonces, con las salvedades de las pequeñas islas de estabilidad: ¿cuál es el factor común? ¿El que se sostiene más allá de ideologías, partidos políticos y no tan partidos que se han sucedido en ese tiempo?

Sí; la emisión monetaria como única herramienta para financiar el déficit fiscal, digo única por que el endeudamiento no es más que un diferimiento de ese déficit y si no se paga o se renegocia eternamente, se convierte en un “regalo” que nos aísla del mundo libre para caer en el monocordio del comunismo (en sus diversas formas y maneras de intervencionismo estatal).

La evidencia es contundente, si emitimos por encima de la mayor producción de bienes y servicios ofrecidos en el mercado o el superávit de la balanza comercial (más exportaciones que importaciones), el dinero se envilece, pierde su valor relativo transaccional a poco de circular, se benefician los primeros que lo reciben (calentitos, recién fabricados): el propio estado, sus funcionarios, así como los proveedores/dependientes y sufren las consecuencias (inflación por desvalorización del peso) los últimos del circuito: asalariados, pequeñas y medianas empresas, autónomos y consumidores en general.

Sin embargo tenemos que distinguir claramente que la emisión tiene una causa: el déficit; y algo deficitario (tanto en lo económico como en lo social)(**) no es otra cosa que la consecuencia de un trabajo mal ejecutado, mal administrado, mal diseñado, “mal...versado”, donde los costos superan a los ingresos, ergo: una pérdida que debe soportar el “dueño del capital”, es ahí y solo ahí donde los gobernantes asumen que sólo son representantes del verdadero dueño del poder, los titulares del capital en la democracia: el Pueblo Argentino.

Pero ya sea por representación delegada o por administración de su propio negocio, cuando se generan pérdidas, el responsable debe encontrar mecanismos de equilibrio financiero, económico y en su caso fiscal mediante una mayor eficiencia de la gestión y no cargando puerilmente a precios su incapacidad operativa; absolutamente todo aumento de precio, sin mayor calidad, tiene origen en una defección de administración y marca el nivel paupérrimo del gerente de turno (largo turno de 50 años en nuestro país).

¿Qué análisis de costo/beneficio hizo el ENRE para autorizar ese 114 % en el VAD de la energía eléctrica prestada por la empresa estatal EC SAPEM?

¿Qué medidas de eficiencia económica y financiera se tomaron para evitar costos en exceso de los ingresos, que solo encuentran solución trasladándolos a precio del usuario?

Así como con el VAD, pasa con los impuestos (inmobiliario provincial, tasa de servicios urbanos municipal, etc.) y también con los precios de los productos en el mercado; el agio, la especulación y la exculpación de la ineficiencia son fenómenos parásitos que se ramifican de la cabeza hacia abajo en una economía enferma y una sociedad harta de tanta mediocridad.

No es otra cosa que más de lo mismo; esconder en la “inflación” la indecente administración de un servicio monopólico estatal y que ahora llorisquea:

Ah... pero Milei.

(*) Historia de un amor equivocado, Pág. 224, Fragmentos de Historia, MACAROFF, Raúl E., Catamarca 2021

(**) Matriz Laboral de Catamarca, Pág. 256, Fragmentos de Historia, MACAROFF, Raúl E., Catamarca 2021.

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