ver más
Editorial

Historias atravesadas por el amor

Un informe del Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos (Ruaga), señala que...
10 de mayo de 2023 - 00:40

Un informe del Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos (Ruaga), señala que en la Argentina hay 2.200 niños, niñas y adolescentes esperando ser adoptados y que las familias inscriptas para adoptar son 2.427. Es decir, hay más familias adoptantes que chicos en condiciones de ser adoptados. Una lectura preliminar de estas cifras hace presuponer que solo trabas burocráticas podrían impedir las adopciones abarquen a todo el universo de potenciales adoptados. Pero si se profundiza el análisis del informe se debe señalar que una proporción importante de ese grupo son mayores de 8 años o chicos con discapacidad, o hay dos o más hermanos que aspiran a ser adoptados por la misma familia, lo que funciona como una restricción concreta para culminar el proceso.

Solo una de cada 100 familias que desean adoptar recibiría a adolescentes. Y solamente el 19 por ciento de los perfiles inscriptos en el registro indicó disponibilidad para adoptar a niñas, niños y adolescentes con alguna discapacidad o enfermedad. La inmensa mayoría se inclina por adoptar bebés o niños muy pequeños. Y, por supuesto, sanos. Esa es la verdadera razón principal, no la burocracia administrativa, por la que hay demoras en la adopción de chicos de corta edad. Natalia Florido, presidenta de la Red Argentina de Adopción, explica: “Es importante visibilizar esta información porque sino caemos en el estigma de que la adopción ‘tarda años’ en Argentina y no es así. Si se anotan sólo para bebés van a esperar un montón porque no hay en adopción”.

Florido es autora de un libro, “Crónica de una adopción”, su segunda obra, que acaba de presentarse en la Feria del Libro de Buenos Aires, una buena oportunidad para debatir un tema que tiene aristas complejas y poco conocidas. El libro recopila historias de familias que adoptaron a chicas y chicos grandes o con alguna discapacidad, que habitualmente son rechazados.

El libro es un compendio de historias emocionantes de mamás y papás que se animaron a adoptar chicos más grandes, con alguna discapacidad o a hermanos, todas ellas atravesadas por el amor, que es el combustible con el que se dejan atrás los prejuicios y los miedos iniciales.

Como la de Carolina y Walter, que querían adoptar una niña de entre 2 y 5 años y terminaron bendecidos por la adopción de una adolescente de 14, que llenó de alegría y de desafíos a la nueva familia.

O la de Olga y Sergio, que soñaban con adoptar una nena y terminaron adoptando a cuatro hermanas, evitando de esa manera que fueron separadas.

O la de Adolfo y Gustavo, los padres de María Fernanda, que tiene síndrome de Down.

O la de Irene, mamá de Keila, que fue diagnosticada con retraso madurativo.

El libro y todas las historias contenidas en él, o no, pero que existen en cada rincón de la Argentina, deberían servir de inspiración para que quienes estén dispuestos a entregar el amor de madre y padre lo hagan sin condicionamientos. Porque, como señala Olga, mamá adoptiva, es necesario “quitarse todos los prejuicios y entender que la disponibilidad adoptiva no es según los deseos o fantasías de los adultos”.

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar