lunes 16 de enero de 2023

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Fue testigo del brutal ataque

"Había cuatro o cinco personas pegándole a Fernando", contó un amigo

El joven dio detalles sobre la noche del 18 de enero. Aseguró que la agresión fue "con mucha saña".

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Lucas Filardi, uno de los amigos de Fernando Báez Sosa, no puede borrarse la imagen de cuando los rugbiers atacaron al joven y lo mataron enfrente del boliche Le Brique en Villa Gesell la madrugada del 18 de enero de 2020. "Había cuatro o cinco personas pegándole a Fernando", dijo Filardi, quien recordó que, tras haber sido expulsados del local bailable, el joven estaba a su lado, mientras que, con un puntero, señaló su ubicación en la vereda en una pantalla en la que le exhibieron fotografías de las inmediaciones de Le Brique.

"Perdón, no estoy acostumbrado a esto, estoy asustado", comenzó Filardi cuando le acercaron los micrófonos de medios de comunicación. Sus primeras palabras fueron más que elocuentes y hasta la defensa de la familia de Fernando sostiene que fue un relato significativo para la causa: "Tuve miedo al principio pero después decidí contar lo que pasó porque confié. Lo que relaté es lo que vi y viví. El rompecabezas se va a terminar armando", explicó.

El abogado querellante Fabián Améndola le preguntó quiénes de los acusados le habían pegado a Fernando y él dijo que no recordaba sus nombres, pero sí quién le había pegado a él: "Creería que Luciano Pertossi".

Más testigos

Por su lado, Fernando Burlando le consultó cómo fue el primer golpe a Fernando y Filardi contó: "Una piña muy fuerte en la cara, para desestabilizarlo y fue repentina".

Momentos antes, según recordó el joven, Fernando le dijo que estaba preocupado porque los habían echado del boliche y que le aclaró: "Yo no hice nada". Luego continuó declarando y detalló: "Le pegan una piña a Fernando y cae al piso, quiere levantarse y ahí patadas y piñas. Primeramente fue la piña para tirarlo y después patadas". Incluso, fue más allá: "Sé que fueron patadas en el pecho y en la cabeza", dijo y, a tal punto, gesticuló cómo fueron esas patadas y manifestó que eran con "mucha saña".

El testigo, asumiendo el papel de Fernando Báez Sosa, reconstruyó tirándose al piso del Tribunal cómo su amigo cayó tras recibir el primer puñetazo y luego lo que la víctima hizo para intentar evadir las patadas que le daban en el pecho y la cara. "Lo que recuerdo es que había tres o cuatro pegándole a Fernando y un par evitando que nos acerquemos nosotros, yo que estaba más cerca, por ejemplo", agregó sobre lo vivido esa madrugada violenta.

Respecto a cómo surgió la recreación del momento en el que los rugbiers atacaron a Fernando, Lucas explicó: "Me tiré porque fue la mejor manera de demostrar cómo había sido. Fue espontáneo. Ahora mismo la cabeza está puesta en dar lo mejor de cada uno. No creo que ellos estén arrepentidos", sentenció Lucas. Antes de finalizar indicó que no hizo falta que los acusados se saquen el barbijo ya que los pudo reconocer a simple vista: "Thomsen le pegó en el pecho y el que me pegó a mí, Luciano Pertossi, le pegó en la cabeza".

Por su parte, el segundo amigo que declaró, Juan Bautista Besuzzo, identificó a Comelli como el primero de los rugbiers en atacar a Fernando. "Si tuviese que decir (quién golpeó primero) es Enzo Comelli (…) lo reconocí en rueda y por cómo estaba vestido" en los videos, dijo el joven, quien a continuación describió que ese rugbier fue quien le dio a Fernando "uno de los primeros golpes y lo dejó arrodillado" y luego Thomsen le dio "tres patadas en la mandíbula".

Los dos jóvenes coincidieron en que el conflicto se inició adentro de "Le Brique", cuando había mucha gente y se produjo un roce entre los rugbiers y otro de los amigos del grupo, Julián García, aunque los encargados de seguridad sacaron a la calle a Fernando cuando se acercó a separarlos.

El tercer testigo en declarar fue Santiago Corbo, quien identificó a Ayrton Viollaz como uno de los rugbiers que "estaba entre el grupo donde estaba Fernando" mientras lo golpeaban y que no permitía que nadie se acercara a ayudarlo. Además, aseguró que lo escucha gritar a modo de arenga "¿y ahora qué, ahora qué?".

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