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De aprobarse, el cambio se aplicará en 2030

Gianni Infantino analiza un Mundial con 64 equipos

El presidente de la entidad que rige el fútbol mundial confirmó que, finalizado el Mundial, comenzará el debate para sumar 16 equipo. El objetivo es darle más oportunidades a países de menor tradición futbolística.

13 de julio de 2026 - 00:50

La idea la había propuesto hace unos meses el presidente de la Conmebol, Alejandro Domínguez, en el marco del 80° Congreso Ordinario de la Conmebol, cuando le solicitó a FIFA ampliar a 64 el número de selecciones participantes en el Mundial 2030. La justificación era que se trataría de algo excepcional en el marco del centenario de la primera Copa del Mundo celebrada en Uruguay en 1930.

Este domingo, mientras el actual Mundial 2026 transita sus instancias decisivas, Gianni Infantino, presidente de la FIFA, volvió a sacudir el tablero al retomar esta idea tan ambiciosa como polémica. El mandamás de la FIFA, con la experiencia que permitió medir el actual certamen con 48 selecciones participantes, ya plantea un nuevo horizonte. “Es un tema que será examinado y debatido en los comités correspondientes tras este Mundial. Cuando organizas uno, es importante diseñarlo para todo el mundo, no solo para Europa y Sudamérica. Cada nación debería poder soñar con participar”, dijo en declaraciones que recoge el diario francés ‘L’Equipe’.

Entonces, la pregunta ineludible que emerge ante este escenario es: ¿estamos ante una cruzada para democratizar el fútbol o nos enfrentamos a la fase superior de un negocio que utiliza la inclusión como estrategia publicitaria de expansión? La tensión entre el mérito deportivo y la voracidad financiera nunca fue tan evidente como en estos tiempos.

“Podemos ver que el nivel de los equipos es extremadamente alto y sigue mejorando en todo el mundo. Si a los países pequeños no se les da la oportunidad de participar en el Mundial, ya no tendrán la motivación para seguir mejorando”, añadió el presidente de la FIFA. El énfasis está puesto en la idea de que los países más pequeños perderían su motivación sin esas oportunidades. Entonces surge otra pregunta: ¿La pretendida inclusión no podría acaso diluir el prestigio competitivo del certamen?

El trasfondo de esta idea de nueva reforma, que elevaría la competencia a un total de ciento veintiocho partidos, revela a las claras las intenciones de los objetivos que parece perseguir la FIFA: expandir sus ingresos al mismo tiempo que consolida su poder político, lo que en la Argentina llamamos un 2 x 1. Por otra parte, sabido es que cada nuevo cupo mundialista otorgado significa, en la práctica diplomática de la FIFA, un nuevo voto asegurado a favor de quiénes controlan la entidad.

La inclusión es la moneda de cambio perfecta. ¿Quién podría oponerse a ella? Se reparten invitaciones, pero el objetivo es multiplicar derechos de transmisión, ampliar mercados y atraer nuevos sponsors de todo el mundo. Uno aprendió por ahí eso de que “cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía”. Este aspecto hipermercantilizado del fútbol, con futbolistas que padecen calendarios cada año más exigentes y extenuantes, ¿es realmente algo beneficioso para el fútbol? Y todo esto en manos de quien decidió darle a Donald Trump el premio de la Paz FIFA. En fin, expandir el Mundial a 64 equipos podrá venderse como justicia global, inclusión o democratización, pero todos podemos intuirlo: la idea que ahora vuelve a presentarse confirma que, para los verdaderos dueños de la pelota, la codicia no tiene freno.

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