Experiencias virtuosas que deben servir de ejemplo
La educación argentina en lo que va del siglo ha logrado un mayor grado de inclusión pero, como contrapartida, un deterioro en su calidad...
Estudiantes salteños crearon un remedio para aliviar dolores por dengue.
La educación argentina en lo que va del siglo ha logrado un mayor grado de inclusión pero, como contrapartida, un deterioro en su calidad, según las diversas mediciones y evaluaciones que se efectúan. Pero sería inconducente y al mismo tiempo injusto trazar generalizaciones respecto de la baja calidad educativa, como si fuese un fenómeno homogéneo. Por el contrario, hay numerosas experiencias virtuosas, tanto en escuelas públicas como privadas, que dan cuenta de que con el apoyo y acompañamiento necesarios, los estudiantes pueden generar iniciativas que colman de orgullo a todo el sistema.
En estos días se conoció la experiencia protagonizada por estudiantes de cuarto año de una escuela pública, la Técnica N° 3143 de Aguaray, en la provincia de Salta. Los chicos crearon el remedio “Karica”, en el marco del programa “Aprender a Emprender” de Junior Achievement. Se trata de un té de hojas de papaya, un remedio natural para aliviar los malestares producidos por la enfermedad del dengue.
No es un hecho aislado. Son varios los proyectos de un valor extraordinario que se han conocido en los últimos meses. Otros alumnos de una escuela técnica pública, en este caso de la Profesional Nº 643 “Granaderos de San Lorenzo”, de la localidad de Roldán, en Santa Fe, construyeron un satélite que tiene como función medir microplásticos en el aire.
En Neuquén, alumnos de quinto año de otro instituto público, el Tecnológico Comahue, diseñaron un robot que mide las emisiones de dióxido de carbono, monóxido de carbono y otros gases combustibles, especialmente en espacios confinados.
Por su parte, estudiantes del Instituto Tecnológico de Buenos Aires construyeron un cohete para competir en EE.UU con la NASA y Space X, empresa estadounidense de fabricación aeroespacial. La nave volará a 3.000 y deberá retornar a salvo.
Otra experiencia virtuosa: alumnos de la Escuela ORT, privada, inventaron IARA, una aplicación web que simplifica la detección temprana de tuberculosis con el propósito de salvar vidas. En el mismo establecimiento educativo, otros estudiantes crearon la plataforma Satellites on Fire, un sistema de alerta temprano de incendios en tiempo real. Su objetivo, según cuentan sus creadores, es reducir las pérdidas de activos forestales mediante la temprana detección y alerta de incendios con imágenes satelitales.
En Mendoza, dos estudiantes, uno de la escuela dependiente de una universidad pública y otro de una escuela pública de gestión privada crearon “Qaizen”, una plataforma para denunciar casos de bullying.
Además, de este tipo de iniciativas de índole colectiva o grupal –hay muchas más-, debe destacarse también el caso de Victoria Rojas, una estudiante del Instituto Politécnico San Arnoldo Janssen de Posadas, Misiones, que fue seleccionada entre las mejores 10 estudiantes del mundo.
Como puede observarse, el potencial de la educación argentina, y particularmente de la educación pública, es enorme. Si bien es necesario remarcar los retrocesos en la calidad que marcan las evaluaciones, también es imprescindible mencionar las experiencias exitosas, por un acto de justicia para sus protagonistas pero además para que sirvan de ejemplo a seguir por el resto de los estudiantes, no importa a qué escuela vayan y en dónde vivan.