jueves 16 de junio de 2022

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Cara y Cruz

Expectativas y prudencia

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3 de junio de 2022 - 01:05

En las últimas horas, el entorno de Edgar Adhemar Bacchiani anunció el inicio de un plan de pagos cuya celeridad, advirtieron, depende de que se le conceda la prisión domiciliaria que solicitó con la promesa de que un amigo que le debe favores, al que no identificó, le facilitaría entre 40 y 50 millones de dólares. Los desembolsos virtuales del amigo, se bajarían a razón de un millón de dólares por día.

La defensa y los querellantes del “Trader God” coinciden en subrayar que la domiciliaria es indispensable para que el programa se desarrolle con mayor eficacia y ayer se difundieron por distintos canales noticias sobre algunos supuestos pagos en dólares virtuales rubricados en una escribanía, cuyos responsables aclararon que su rol se limitaba a dar fe sobre la veracidad de las firmas. Esto es: el paso por el escribano no implica la verificación del pago.

Bien está si Adhemar Capital paga lo que debe. Los antecedentes, sin embargo, marcan que conviene moderar las expectativas. En nombre de la paz social, ya se le otorgó una domiciliaria al “trader” para que accediera a sus cuentas virtuales y comenzara a pagar. Ocho días estuvo en su casa, sin resultados.

El problema con estos planes es que resulta imposible corroborar que sean ciertos y no puestas en escena para impostar voluntad de pago y lograr beneficios procesales. Sería arduo incluso comprobar que las transacciones se hagan a favor de acreedores reales y, en cualquier caso sería una misión adicional para un Juzgado que está suficientemente complicado con indagar en los vericuetos de las causas.

De hecho, en la causa de la financiera Callvu, los querellantes objetaron acuerdos de pago presentados por el titular de la firma, Cristian Rojo, cuando advirtieron que los acreedores estaban vinculados a él personalmente. Señalaron que podía tratarse de una maniobra engañosa para evitar quedar detenido. Rojo proponía un cronograma de 180 días para cumplir con todos.

La necesidad de mantener una actitud prudente surge palmaria en cuanto se advierte que aún no hay certezas sobre el volumen de las deudas, la cantidad de acreedores y el origen de los fondos depositados y, que las prioridades fueron fijadas por el grupo Bacchiani conforme a criterios en los que la sensibilidad pretende disimular el carácter caprichoso: primero los que tienen problemas de salud, luego los que depositaron después del 15 de noviembre y por último los que pusieron menos de 2,5 millones de pesos.

Consignar la posibilidad de montajes no es ocioso. Los actores buscan comprometer al Juzgado Federal en componendas que solo les conciernen a ellos y sus acreedores y condicionar sus decisiones con la presión social que generan las obvias expectativas alimentadas por estas propuestas.

Lo que ganarían de inmediato con lograrlo es obvio: beneficios procesales para los financistas encartados, por un lado; el crédito de conseguir pagos para los abogados de los damnificados, muy valioso en la competencia con los colegas por capturar clientes, por el otro.

En tal sentido, hubo más que indicios de la participación de abogados en la inducción de las marchas de la bronca.

Al margen de estas reflexiones, si en efecto han comenzado a destrabarse pagos, queda demostrado que puede hacerse perfectamente sin necesidad de prisiones domiciliarias.

Los 40 millones de dólares del generoso amigo, por ejemplo, podrían quedar a resguardo en una cuenta judicial hasta que la investigación judicial determine la legalidad de su origen, e integrarse a los bienes secuestrados a los reos para cuando llegue el momento de proceder a los pagos. O bien, Bacchiani podría designar un apoderado para que administre la contribución de su amigo y cumpla con los damnificados.

Nótese que para esto ni siquiera es necesario que proponga nada al juez. Le bastaba con autorizar a sus empleados.

¿Cómo es que están pagando, sino, ahora? Hasta hace un par de días, decía que era imposible si no lo dejaban irse a su casa.

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