La baja concurrencia a las urnas en la mayoría de las jurisdicciones donde ya se han celebrado elecciones en lo que va del año preocupa a la dirigencia política. Establecer sus causas con precisión puede ser una tarea ardua, pero en principio el ausentismo siempre denota desinterés de un sector importante de la ciudadanía, o disconformidad con la dirigencia política en general.
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Esperanzas en el futuro y no discusiones sobre el pasado
A la apatía ciudadana se la combate con propuestas creativas y realizables, que despierten un entusiasmo que no parece prosperar cuando los precandidatos y las fuerzas a las que representan se ven enfrascados en rencillas que se arrastran desde hace años. La gente, para ir a votar con convicción, necesita esperanzas en el futuro y no discusiones sobre un pasado que agobia.
La campaña a nivel nacional, es decir, para la fórmula presidencial, transita sobre dicotomías que se remontan a bastante tiempo atrás y que enfatizan gestiones de gobierno concluidas, ya para exhibirlas como modelo, ya para criticarla ferozmente. El pasado tiene utilidad para aprender de los éxitos y los fracasos y sobre esa base configurar nuevos proyectos, no para anclar el debate político en tiempos ya fenecidos.
Instalar el debate en el pasado solo moviliza a quienes expresan un fundamentalismo político que no admite la opinión del adversario como válida. Pero el hombre de a pie, es decir, el ciudadano común, que puede tener simpatías políticas e incluso recordar con nostalgia algún período histórico en el que se sintió más a gusto por coincidencias ideológicas respecto de otros, espera de los precandidatos y de los partidos políticos en general una actitud más propositiva que confrontativa. Y es sobre todo de confrontación el estilo político de campaña que husmea en tiempos pretéritos para encontrar los argumentos con los que defender un proyecto o fustigar los proyectos de sus adversarios políticos, convertidos a veces en enemigos irreconciliables. No es que a nivel nacional no haya propuestas, pero prevalecen las imputaciones cruzadas, e incluso dentro mismo de las coaliciones entre los rivales internos.
A nivel provincial el denso componente ideológico que prevalece desde hace mucho tiempo en el ámbito nacional se suaviza un poco, tal vez porque las dicotomías han ido variando con los años, han sido más permeables a las transformaciones políticas decididas por el electorado o porque también han ido surgiendo nuevos exponentes de la política que tienen más para decir sobre el presente y sobre el futuro que sobre el pasado.
Cuanto más local sea la campaña, más propositiva es y por tal razón más atractiva para el electorado, que, como se dijo, necesita de incentivos para entusiasmarse e ir a votar. Las propuestas concretas, no aquellas vagas que aluden a modelos, a proyectos estratégicos o a consignas que no tienen amarre en la vida cotidiana de los habitantes de una ciudad.
Hay dos ejemplos surgidos en los últimos días que pueden ilustrar cómo las propuestas concretas y a futuro pueden resultar atractivas para el electorado. El actual intendente de San Fernando del Valle de Catamarca y precandidato a la reelección, Gustavo Saadi, señaló que en caso de disponer de un periodo más como jefe comunal crearía en el sector sur de la ciudad un “nuevo Parque Adán Quiroga”, esto es, un nuevo pulmón verde similar al que existe ya en el norte, aunque seguramente tenga un nombre distinto. Es una propuesta movilizadora. Días antes, otro postulante a la intendencia capitalina, en este caso por una de las listas de Juntos por el Cambio, Alfredo Marchioli, si bien criticó el actual sistema de la salud provincial avanzó más y formuló como propuesta de campaña la construcción de dos hospitales municipales.
La crítica al circunstancial adversario político es válida, pero es mucho mejor si va acompañada de proyectos que ofrecer. Significa priorizar el futuro por sobre la discusión sobre el pasado.