El entrenador de fútbol infantil acusado por cuatro hechos de abuso sexual en Andalgalá presentó un recurso en la Cámara de Apelaciones en lo Penal y de Exhortos.
Está imputado por cuatro hechos contra la integridad sexual. Las víctimas son niños de entre 12 y 14 años.
El entrenador de fútbol infantil acusado por cuatro hechos de abuso sexual en Andalgalá presentó un recurso en la Cámara de Apelaciones en lo Penal y de Exhortos.
El planteo lo realizó luego de haber cambiado a su abogado defensor. La Fiscalía de la Segunda Circunscripción Judicial imputó al entrenador de un club de fútbol andalgalense –los datos se reservan para resguardar a los chicos- fue imputado por “abuso sexual simple” y “abuso sexual con acceso carnal, en concurso real, continuado”. Las víctimas son chicos de entre 12 y 14 años.
Las denuncias se realizaron a finales del año pasado. Antes de fin de año, el fiscal Martín Camps imputó al entrenador. Durante la indagatoria, el acusado –asistido por un defensor particular de Andalgalá-, se mantuvo en silencio. Luego, la fiscal Soledad Rodríguez continuó con la causa y habilitó feria. El Juzgado de Control de Garantías de Andalgalá oportunamente le confirmó la detención.
El caso conmovió a la comunidad de Andalgalá. El acusado, un entrenador de fútbol allegado a los chicos, habría sacado provecho de la situación. Los chicos querían jugar a la pelota. El entrenador mediante engaños se acercaba a los chicos, con la promesa de hacerlos jugar de titulares; no iban a estar en la banca, sino que podían jugar tiempo completo en la cancha. Es decir, el entrenador se habría aprovechado de su deseo.
De acuerdo con información a la que pudo acceder El Ancasti, los chicos se encuentran en una situación de vulnerabilidad. Viven en una zona muy humilde marcada por las necesidades. El club era un espacio para compartir, para jugar y para estar lejos de la calle.
Los mismos chicos comenzaron a hablar entre ellos sobre lo que estaba sucediendo. Habían advertido que el entrenador tendría una conducta que no era la apropiada. Los chicos están debidamente escolarizados y, para los investigadores, sin dudas tuvieron clases de Educación Sexual Integral (ESI). Los niños les contaron a sus madres y ellas no sólo los escucharon sino que además les creyeron.
En paralelo con la investigación, desde la Fiscalía se ordenaron medidas en relación con la contención de los chicos. En este sentido, se ordenó la realización de informes socioambientales. También se solicitó que la Dirección de la Mujer, Niñez y Familia de la Municipalidad de Andalgalá intervenga con asistencia y contención. En este marco, los chicos están siendo contenidos por psicólogos.
En los primeros días de febrero, tras habilitarse la actividad judicial, el fiscal Camps solicitó la prisión preventiva. La jueza de Control de Garantías Karina Naame resolvió hacer lugar a lo solicitado por el representante del Ministerio Público Fiscal.
El abuso sexual en la infancia (ASI) es una de las formas más extremas de violencia que niños, niñas y adolescentes pueden sufrir. No obstante, el dato más importante que advierten los profesionales en esta temática es que en la gran mayoría de los casos los agresores son del entorno cercano. Puede ser un familiar, un docente o un vecino.
Las niñas, niños y adolescentes víctimas de violencia sexual no solo deben romper el silencio impuesto por su agresor, sino también encontrar un adulto que crea en sus palabras (o sepa identificar las señales de alerta) y los proteja. Lamentablemente, en muchas ocasiones eso no sucede. Cuando se sospecha o se sabe que una chica o un chico ha sido víctima de abuso sexual se produce “una movilización emocional y una conmoción en el entorno familiar de la víctima”, especialmente en aquellos adultos cuidadores receptores de esta sospecha o develamiento, se advierte.
El hecho de que la mayoría de los abusos sean perpetrados por alguien cercano al chico o chica, familiar o de su confianza, hace más difícil la intervención. Es importante habilitar el diálogo con un acercamiento tranquilo, en un ámbito de privacidad, sin exponerlos. Habilitar el diálogo no es habilitar un interrogatorio, se aclaró. Muchas veces el relato es fragmentario, en pedacitos o en tirones. Es importante que sean los profesionales capacitados quienes indaguen acerca de cómo ocurrieron los hechos.n