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Cara y Cruz

Emblema de la improvisación

Emplazada en la cima de la Cuesta del Portezuelo, la hostería "Polo Giménez" refulge...

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9 de agosto de 2022 - 00:20

Emplazada en la cima de la Cuesta del Portezuelo, la hostería “Polo Giménez” refulge como emblema de la improvisación en medio del “boom” turístico que experimenta Catamarca. Fue inaugurada en diciembre de 2009, tras un proceso de cinco años, por el entonces gobernador Eduardo Brizuela del Moral, que consideró el acontecimiento un “hito” en la historia del turismo provincial.

Un profeta, aunque tal vez esperaba que el mojón tuviera un sentido diferente al que adquirió en 13 de años de sostenidas polémicas, a lo largo de los cuales jamás pudo operar decentemente.

La recordada secretaria de Turismo Catalina Krapp movió sus proverbiales influencias para que se la concesionaran a un pariente suyo, tras unos enfrentamientos entre las municipalidades de Ancasti y Valle Viejo por ver quién se la quedaba que por un pelo no degeneró en violencia.

Los favorecidos no pudieron sostenerla. Dificultades con la energía y con el aprovisionamiento, ya que se encuentra a trasmano de cualquier tránsito comercial, se sumaron a un entorno que, una vez contemplados los majestuosos paisajes, poco ofrece para el esparcimiento. Lógicamente, los nulos dividendos que el emprendimiento arrojaba no permitían invertir ni en mantenimiento, así que el edificio se fue viniendo abajo. Fracaso total, fue un alivio para los privados devolverle el regalo al Estado provincial, que a su vez se lo sacó de encima rápido para ensartar a Valle Viejo, a cuya Municipalidad la cedió en comodato a fines de 2020.

En febrero del año pasado, fracasados los intentos para enchufarle el clavo a algún incauto, el subsecretario de Turismo del municipio, Marco Alessandro, advirtió que sería necesario financiamiento de la Provincia para ponerla en condiciones y reinaugurarla. Calculó entonces que podría estar abierta para la Semana Santa.

18 meses después, sigue en veremos. El secretario de Obras Públicas de Valle Viejo, Gustavo Soria, explicó que los trabajos para la puesta en valor del edificio se demoraron por falta de energía eléctrica, debido a los incendios que se registraron el mes pasado en el cerro.

“Estamos hablando con la empresa de energía para ver la restitución del tendido eléctrico que se vio afectado por los incendios. La primera semana posterior al incendio hemos parado la obra y hace una semana y media hemos retomado, con trabajos menores por falta de energía”, señaló.

Añadió que “se están realizando trabajos de pintura, ultimando detalles en las instalaciones eléctricas y sanitarios, pero no podemos avanzar mucho hasta que se pueda restablecer el servicio. Estamos muy cerquita de terminar. Estimamos que una vez restablecido el servicio eléctrico, en menos de 30 días se pueda terminar con toda la obra. Mientras tanto, también estamos trabajando abajo con obras de carpintería, reparando todo el mobiliario”.

Ojalá esta vez sea la vencida, pero tal vez se trate de un problema conceptual difícil de resolver con puro voluntarismo.

La edificación, que costó millonadas provenientes de la renta minera, no se decidió en función de las posibilidades de rentabilidad del emprendimiento, sino por capricho. Los ideólogos imaginaron que el mero interés paisajístico bastaría para activar el complejo, sin considerar que otras estructuras cercanas podían muy bien cubrir las necesidades de alojamiento. Esto es: podría haberse financiado un mirador con servicios para los turistas más modesto, aunque las pretensiones de trascendencia de los inauguradores no fueran satisfechas.

Hubiera sido suficiente para la contemplación de los majestuosos paisajes de la histórica Cuesta, uno de los portales hacia las localidades del este provincial, pero primó la “broncitis”. Como en tantas otras obras superfluas que se financiaron con la renta minera mientras los servicios elementales de la provincia se desplomaban hacia el colapso por falta de inversión pública y privada. Eso, sin considerar el dinero que se fue en 13 años de mantenimiento y refacciones.

La “Polo Giménez” es efectivamente un hito, pero de la improvisación.

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