miércoles 12 de enero de 2022

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Editorial

El zoológico humano

El denominado primer zoológico humano funcionó en Bruselas, actual capital de Bélgica...

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27 de diciembre de 2021 - 02:10

El denominado primer zoológico humano funcionó en Bruselas, actual capital de Bélgica, y consistió en una exposición de 298 personas nacidas en el Congo africano, que eran exhibidos en réplicas de sus aldeas naturales como “pueblos inferiores en estado natural”.

La aberrante muestra no sucedió hace tanto, sino hace apenas un poco más de un siglo, en 1897. Hoy nos parece un acto denigrante, más para sus organizadores –particularmente el rey Leopoldo II- que para sus víctimas, pero en su momento fue un acontecimiento de gran éxito para la sociedad europea y la estadounidense, festejado incluso por la prensa, que destacaba que alrededor de un millón de blancos pagó para disfrutar de la muestra y hasta “acariciar a esos negritos” como si fueran animales.

Entre las actividades que se desarrollaban en la muestra, todos los días algunas de esas personas eran obligadas a posar ante un escultor que les tomaba el molde de sus caras volcando sobre ellas yeso caliente. Luego, esas máscaras eran vendidas como souvenir.

Por la misma época, en Argentina y en Chile, aunque sin el éxito comercial de la feria belga, se exhibían también como seres inferiores vivos a representantes de pueblos originarios de la Patagonia, los que habían sobrevivido al exterminio de las campañas conquistadoras del sur de ambos países en la segunda mitad del siglo XIX. Luego, en nuestro país, los restos de esos aborígenes pasaron a formar parte del patrimonio del Museo de La Plata. Ahora, esos restos son restituidos a sus comunidades de origen, como un gesto –tardío- de reparación histórica.

Pasaron desde entonces poco más de 120 años y millones de muertes producto del racismo. Hoy la humanidad no toleraría aberraciones semejantes. Sin embargo, el racismo y la discriminación sistemática de seres humanos tienen aún vigencia. Y no habrá de suponerse que son claudicaciones morales que se cometen en países lejanos. Convivimos a diario con actitudes o comentarios que tienen como causa última la consideración del otro como personas de rango inferior, sujetos a los que es válido estigmatizar, segregar e incluso agredir en determinadas situaciones o contextos.

El último informe anual presentado por el INADI menciona que las personas que mayor sufren la discriminación en la Argentina son las que pertenecen a la comunidad LGBTTIQ+, seguidas por las mujeres, las estigmatizadas por su aspecto físico, las que poseen alguna discapacidad, por su origen étnico, su condición de pobre e indigente, el color de la piel, la edad (adultos mayores), entre otras características.

El principal escollo para desmontar los mecanismos de discriminación es la naturalización de esa práctica. Denunciar esa naturalización es el primer paso. La escuela tiene un rol preponderante en esta tarea, lo cual implica, además de educar en la igualdad y en la empatía hacia el prójimo, hacer una revisión crítica de nuestra historia, jalonada por brutales actos de racismo y discriminación de las minorías. Como la que está haciendo el Estado belga, que ha montado en estos días “Zoos Humanos”, una muestra que remite a aquella feria vergonzosa de 1897 con el propósito de “reparar la memoria de las personas exhibidas en aquellos eventos y aspira a romper los mitos de la colonización”.

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