miércoles 29 de noviembre de 2023

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Editorial

El valor del debate

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Los debates presidenciales, que se realizarán los domingos 1 y 8 de octubre, son obligatorios para todos los candidatos pues están regidos por la ley nacional 27.337. Los temas elegidos por la Cámara Nacional Electoral (CNE) son Educación y Economía, para el primero de los debates, a realizarse en Santiago del Estero, y Seguridad, Producción y Trabajo, para el segundo, que se llevará a cabo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Los organismos de Derechos Humanos cuestionaron con firmeza que el ítem no fuese incluido, considerando la emergencia de algunas posiciones negacionistas del genocidio perpetrado por la dictadura militar que asoló al país entre 1976 y 1983 sostenidas. Finalmente, el tema Derechos Humanos y Convivencia Democrática fue incluido para la primera de las instancias por el voto ciudadano a través de la página web de la CNE, que podía elegir temas a incorporarse. El otro tema añadido por la opinión popular fue Desarrollo humano, vivienda y protección del ambiente, que fue incluido en el segundo de los debates.

Las dos temáticas agregadas por la gente parecen complicar al candidato de La Libertad Avanza. Es que la máxima referente del negacionismo es la candidata a vicepresidenta de esa fuerza, Victoria Villarruel. Y el propio Milei fue asesor del genocida Domingo Bussi en la década del ’90. Eso en lo que respecta a la inclusión del tema Derechos Humanos. Pero también la protección del ambiente como referencia para el debate encuentra a Milei en situación desventajosa: es conocida su posición respecto de eliminar el Ministerio del Ambiente y de su negación del cambio climático. Hace poco más de un par de semanas, incluso, declaró en un programa televisivo que “una empresa puede contaminar un río todo lo que quiera”.

De todos modos, los postulantes a Presidente de la Nación deben tener la solvencia necesaria para exponer sobre cualquier tema estratégico para el futuro de la Argentina. En ese sentido, como ya se ha señalado en este mismo espacio en otras oportunidades, el valor que tienen los debates públicos de candidatos, además de permitirle al electorado conocer qué piensan y qué se proponen hacer los postulantes, se vincula también con la necesidad de que, ante la decadencia casi absoluta de las plataformas electorales, que prácticamente ya no se elaboran y casi nadie lee, quede registrada la propuesta para evitar distorsiones en un eventual gobierno del candidato, o al menos garantizar que tales desviaciones puedan ser contrastadas con la promesa pre-electoral.

Los ciudadanos tienen, a través de los debates, la posibilidad de analizar críticamente los discursos de los candidatos y sumar elementos para poder decidir con más información y conciencia, lo cual es muy necesario en una etapa histórica donde las motivaciones a la hora de elegir alguna alternativa electoral se basan más en estados de ánimo que en una conciencia real del proyecto por el que se opta.n

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