jueves 2 de abril de 2026
Cara y Cruz

El renacer del microcentro

El proyecto de recuperar el centro de la ciudad se puso en marcha hace una década. Los edificios históricos, algunos abandonados y otros “parchados” a medias, con carteles y cables que se cruzaban en un cuadro caótico y hasta peligroso, fueron remozados mediante un trabajo arquitectónico de restauración y puesta en valor. Los trazos de genios como Caravati volvieron a salir a la luz. A la par de eso, la plaza 25 de Mayo fue remodelada por completo. Pese a los temores y denuncias iniciales por la supuesta deforestación y daño ambiental, la arboleda principal quedó intacta y se puso nuevo césped, plantas ornamentales, nuevo sistema de riego y también nueva iluminación. Se instaló una pérgola y se cambió el piso de la caminería. Eso se completó además con el adoquinado de las calles adyacentes, en lugar del asfalto clásico, y se instalaron topes en las veredas, ya sin cordones cuneta. Tal vez esto sea el aspecto más conflictivo de la remodelación, porque los conductores no los respetan y es común ver algunos tramos con los metales doblados o directamente arrancados. Lo cierto es que a poco de cambiar la imagen general, el centro empezó a cobrar nueva vida. Lo mismo sucedió con el Paseo General Navarro, “La Alameda”, que de ser un espacio oscuro e intransitable se transformó en un verdadero lugar de paseo familiar y de encuentros artísticos.

Pero sobrevino la pandemia y esa imagen vistosa y agradable del centro y sus bares ampliados con más mesas en las veredas y llenos de gente empezó a decaer. En algunos casos, las restricciones y los cierres de la gastronomía, los espacios culturales y todo lugar de encuentro social no hicieron más que dar el golpe de gracia a emprendimientos que ya venían en crisis desde antes de la destructiva llegada del virus. Es lo que sucedió con el tradicional bar Richmond, un enclave sociopolítico tradicional de la ciudad fundado en 1933 por la familia Allés: ya a principios de 2019 tenía problemas para pagarles a sus trabajadores, el menú había disminuido en calidad y variedad y la atención dejaba mucho que desear. Había perdido ese aire glamoroso de otros tiempos. Finalmente, el confinamiento pandémico aceleró su cierre definitivo a mediados de 2020. La calle República sumaba más persianas bajas. También se despidió poco después la parrillada Don Vaca. Otro vecino de la cuadra, de un rubro distinto, ya lo había hecho un año antes, en 2018: el banco ICBC, cuyo local sigue cerrado y sin miras de nada nuevo en ciernes. Fueron años de varias despedidas. En el área industrial cerraron Calzados Catamarca, Eyelit y Alpargatas. A la crisis económica de la década anterior se sumaba, como nuevo factor determinante, el Covid-19.

Sin embargo, nada es para siempre, aún cuando la crisis económica argentina solo parezca mutar en ciclos, sin desaparecer del todo. Llegaron las vacunas y las restricciones duras empezaron a ceder; se habilitaron bares y restaurantes con protocolos sanitarios y limitaciones de aforo; se amplió el horario de libre circulación y abrieron las puertas al turismo. Fue el principio del renacimiento social. Después de un año y medio de encierro y de depresión generalizada, la gente comenzó a moverse como nunca, una expresión genuina de libertad, aún a contramano, incluso, de las recomendaciones sanitarias sobre la autoprotección (distancia, higiene y barbijo) Era lo que tanto se esperaba en todos los ámbitos, el retorno a la “nueva normalidad”. Y si bien por entonces ya se había consolidado la “movida” nocturna juvenil –y no tanto- de las cervecerías en la avenida Illia y alrededores, el movimiento en el microcentro tardó más tiempo en regresar. Recién en los últimos meses, con la reapertura del bar Richmond –ahora con nuevos dueños- y la llegada de una cadena nacional de hamburguesas, la zona de la plaza principal empezó a recuperar buena parte del brillo perdido. Contribuyó además la decisión del municipio de habilitar el margen de la plaza sobre República para que los bares pudieran instalar mesas al aire libre, algo que muy pocos estaban en condiciones de ofrecer. La otra pata que ayudó fue el turismo: la provincia y la ciudad recibieron un aluvión histórico de visitas, sobre todo a fines del año pasado. En suma, el microcentro está vivo nuevamente y aún puede mejorar con varios locales en proceso de remodelación.

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