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Cara y cruz

El que se quemó con leche...

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10 de enero de 2022 - 01:00

El que depositó dólares, recibirá dólares”. La célebre frase fue reconocida como “un error” por su emisor, Eduardo Duhalde, al repasar su Presidencia interina tras el estallido de la convertibilidad y la caída del radical Fernando de la Rúa. Error hijo del “agotamiento”, explicó, y recordó que pocos días después de realizar la promesa, “en contra de la mayoría del gabinete”, aclaró que se había equivocado.

“Empecé con el pie izquierdo. Pero además de eso, dije que yo no iba a mentir; entonces ya era muy grave si yo no aclaraba que eso era una mentira. Entonces, en contra de la mayoría del Gabinete, llamé a las agencias y les dije que me he equivocado. No están los dólares, ahora vamos a tener que trabajar y, si trabajamos todos juntos, mantener el valor de la moneda. No recuerdo quién y cómo fue. Yo nunca entendí, no entiendo de macroeconomía; entiendo como para hablar de esos temas, pero jamás voy a discutir con un economista, sea de cualquier pensamiento, porque no me parece correcto”, dijo el ex presidente.

Las palabras de Duhalde son pertinentes no tanto por las dos décadas que se cumplieron del traumático derrumbe del régimen de Convertibilidad, sino por la crítica situación que atraviesa el país, con el Gobierno tratando de cerrar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y el arco político en tensión y especulando.

La Convertibilidad estalló y Duhalde ejecutó un ajuste brutal, con una devaluación de 400% que disparó la exclusión a niveles estratoféricos. Dos décadas más tarde, la pobreza supera en la Argentina el 40% y reventón parece haber sido suplantado por una larga agonía. El ajuste que el oficialismo se niega a admitir, corre por cuenta de la realidad, con el dólar por encima de los 200 pesos a pesar de los desembolsos sistemáticos del Banco Central para mantenerlo a raya.

Independientemente de la opinión que se tenga sobre la gestión de Duhalde, conviene considerar su recomendación de superar las rabiosas diferencias que fragmentan la política para pactar una salida. El ministro de Economía, Martín Guzmán, se ha convertido en un especialista en la ambigüedad discursiva para tratar de conformar a todos, mimetizado con el presidente Alberto Fernández. Las posiciones radicalizadas en el oficialismo y la oposición conspiran contra los consensos mínimos que se requieren para reinsertarse en el sistema financiero del mundo.

“Nos queda una herencia de enseñanza, para salir en este presente –dijo-: para gobernar en el sistema presidencialista se requiere que todos se junten. Ese sistema fue creado para Estados Unidos, para dos partidos; acá hay 60 partidos. Acá no se puede gobernar con tantos partidos, todos separados, divididos, la pelea es lo peor que puede pasar. Nos la pasamos peleando. Los funcionarios no son elegidos para hablar del que se fue, por eso yo les prohibí a los ministros hablar mal de los que se fueron en mi gobierno. Era tarjeta roja. Es lo que hay que hacer para unir, es lo que debería hacerse ahora. Un gran pacto”, consideró.

La necesidad de regenerar alguna confianza en el sistema político por medio de acuerdos que trasciendan los intereses facciosos inmediatos resulta imperiosa.

El Banco Central consume reservas y emite mientras los argentinos tienen fuera del circuito financiero oficial, “en el colchón”, como se dice popularmente, más de 250 mil millones de la divisas. En el tercer trimestre del año pasado, la cifra representaba 6,13 veces las reservas del Central.

Veinte años no han bastado para borrar la memoria del “error” de Duhalde. Con la moneda nacional anonadada, nadie quiere quedar a expensas de un yerro presidencial como el de la promesa de devolver unos dólares que ya no estaban. Es una diferencia central con 2001: la ficción del 1 a 1 ya no es operativa, la gente huye del riesgo de otro “corralito” y vacía el sistema financiero oficial en defensa propia.

Al que depositó dólares le pasa lo mismo que al que se quemó con leche.

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