jueves 2 de abril de 2026
COLECCIÓN SADE- NARRATIZA CATAMARQUEÑA

El poncho azul

Por César Noriega

De madrugada, muy agitado, el denunciante llegó a la comisaría: “Don Teófilo se colgó”, gimió desde la puerta.

Fue un seis de enero, lo recuerdo y lo recordaré hasta mi propia muerte. Según el testigo, el cuerpo colgaba a metros del piso, se bamboleaba por el viento y la lengua le llegaba hasta el pecho. Enrollado a su cuello, un poncho azul con guardas rojas colgaba junto al extinto.

La infausta noticia conmocionó al lugar. Don Teófilo era un personaje divertido, querido; jamás alguien podría ni siquiera imaginarlo muerto por una locura. Enseguida comenzaron a tejerse historias disparatadas. Que la mujer, que la soledad, que las cabras, en fin.

El sargento Ramón Torres mandó a llamarme de urgencia después de recibir la noticia, pues era yo único fotógrafo del pueblo.

-Salimos enseguida. En tres horas llegamos al puesto de don Teófilo –dijo con voz de preocupado, dolido por la adversidad.

-Habrá que sacar fotos y descolgar el cuerpo -dije rascando la pera.

-Y cargarlo cuesta abajo a lomo de mula. Los forenses han de quererlo ver ese cuerpo -agregó.

Me preocupó el hecho de tener que trajinar con un muerto, pero no me podía rehusar. Al instante se me ocurrió la pregunta fatal:

-¿Se mató?

-No creo -dijo Torres pensativo-. Más pienso en que lo mataron –aseveró.

-¿Quién? –pregunté inquieto. –Acá nunca pasa nada –aseguré.

-Cuatreros –contestó preocupado.

Torres era un policía baqueano, conocía el lugar, a la gente y al monte tupido, con sus laderas y barrancos. Él mismo alistó dos mulas.

Antes de salir, la tía Niña, madre del policía, nos convidó un plato de sopa con pan casero; dispuso alforjas con tortilla al rescoldo, charquis* y dos botellas de vino “por si el frío del cerro los agarrara en el faldeo”, dijo. Después, santiguándose, nos dio la bendición: “En nombre de Dios y la Virgen”, exclamó dejando ver sus ojos húmedos.

Encaramos la travesía por una senda angosta, las mulas se mostraban inquietas y movedizas. Después de casi cuatro horas por quebradas y cuestecillas, avistamos el puesto de don Teófilo, en las serranías del Gracián. Salieron a recibirnos cuatro perros flacos e idiotas que armaron tal bochinche como si quisieran comernos vivos. Los ladridos alteraron la paz y el silencio de las lomadas donde el hombre vivía junto a doña Mercedes, su mujer, más un puñado de cabras y ovejas.

Sentí ansiedad como pocas veces en mi profesión, pero el tiempo se detuvo allí. Quise bajarme para ir por el occiso y tomarle las primeras fotos cuando apareció en el patio la anciana con una escoba de pichanas*. Repartió escobazos por el lomo flaco de los perros, pero los animales seguían embravecidos y no nos dejaban bajar.

-Han visto a la muerte -murmuró Torres. Después se apeó con el chicote en la mano y desparramó a la perrada a lonjazos limpios. -¡Perros de mierda! -insultó.

El sargento iba uniformado, esto atrapó la atención de la anciana cuando le extendió su mano derecha para decirle por lo bajo: “La acompaño en su sentimiento, doña Mercedes”.

-Igualmente, hijo- contestó la mujer, impávida.

Nos hizo pasar a una cocina de adobe, techo de paja brava, separada del rancho. Desde unas cañas renegridas por el hollín colgaban cueros de cabras, lazos, astas de ganado y charquis. Doña Mercedes acercó una pava a la par de los tizones que ardían en el suelo, al medio de la cocina y que daban calor a una olla sostenida por un alambre atado a la cumbrera. Había sólo dos sillas enanas de cuero, de modo que quedé parado esperando la orden del sargento para ir a sacar las fotos al muerto que no debería estar lejos de allí, tal vez en un tupido talar detrás de la casa.

La anciana se sentó con un yerbero en las faldas y se puso a cargar el mate, sin signos de dolor en su rostro.

-¿Y el muerto?pregunté al sargento por lo bajo. Entonces doña Mercedes me miró fijamente:

-¿Teófilo? Anda arriando las cabras, ya´i venir.

Casi caímos antarca*. ¿Una broma de mal gusto? ¿Una noticia falsa?

Torres tragó saliva y dijo a la anciana el motivo de nuestra presencia. La vieja se echó a reír, tanto que contagió hasta los perros y terminamos los tres riéndonos de la mentira. ¡No había ningún muerto! No había que llenar papeles, ni sacar fotos, menos descolgar un cuerpo tieso y trasladarlo hasta el pueblo sobre la mula. Nada. En medio del asombro estábamos cuando el famoso “muerto” apareció.

-Güenas y santas -dijo un encorvado anciano, abundante barba blanca, apoyado en un bastón de palo. Traía poncho azul con guardas rojas al hombro, un sombrero negro gastado y la sonrisa de oreja a oreja. Parecía feliz.

Cuando el sargento terminó de comentarle la novedad, el viejo se sentó en un tronco, se tapó la cara con el sombrero y rió a carcajadas hasta babearse.

Al rato don Teófilo volvió a calzarse el sombrero y su rostro endureció.

-¿La muerte? ¡Miescha mi haí de pillá! Ya son tres veces que andoy esquivándola. Una vez cazando leones, esos bichos sí que son estúpidos. La otra vez me topé con la “luz mala” ¡a puñal qué joder! Me torció la cabeza esa macana, me perdió. Fue una vuelta que venía a caballo de lo de Nicolás Vega donde habíamos tomado unos vinitos. Yo vide una semejante luz en medio del camino, me bajé del caballo, saqué el puñal y me envolví este mismo poncho en el cogote. La infeliz se fue de la huella y enseguida la vi más arriba, sobre el rancho de Nicolás, como una bola roja, chispiante, y después se fue.

Y el otro día en la Loma Colorada que le dicen, me apareció el Llastay*.

-¿Se apareció quién? –pregunté sorprendido.

El viejo me miró fijo: “El Llastay, hijo. Es el dueño del campo y del cerro, él defiende a los venados de las balas. Si alguno sale a cazar tiene que llevarle aguardiente y maíz tostao. Si el bichito es chico no va a dejar que lo maten. Lo va a ver sobre una peña, forma de cristiano... Grita fuerte y fiero, se te encrespan los pelos de la nuca ¡Juna gran siete!

Pasaron un par de meses desde aquel extraño acontecimiento en el Puesto de don Teófilo. Cámara al pecho recorría una Exposición Artesanal en la plaza del pueblo cuando divisé un poncho azul con guardas rojas en el hombro de un hombre de campo que atendía un puesto de trenzados, riendas y monturas en cuero trabajado. Mi asombro fue instantáneo. Presuroso me acerqué para estar seguro.

-Conozco ese poncho –dije al hombre.

-Me lo ha regalao la viuda del padrino Teófilo.

-¿Qué viuda? ¿Murió? ¡No puede ser! ¡Yo estuve con él hace poco!

-No ha de ser, joven. Al padrino Teófilo lo encontraron muerto el seis de enero. Fui a su entierro; recuerdo que estaba usted ahí, señor, con esa cámara de fotos.

Charqui: carne cruda, secada al aire libre, para consumir con el tiempo.

Pichana: hierba del campo con la que se hacen escobas para barrer.

Antarca: de espaldas.

Llastay: deidad indígena, protector de la fauna.

César Noriega

Profesor de Psicología. Lic. en Gestión Educativa UNCA. Desempeñó cargos docentes en los Institutos Superiores de Formación Docente dictando cátedras de Psicología, Filosofía de la Educación, Sociología de la Educación y ESI.

Especialista en Educación Sexual Integral y en Especialización Docente de Nivel Superior en Educación en Contextos de privación de la libertad.

Ha sido miembro del Equipo de Asistentes Técnicos Territoriales del Ministerio de Educación de Catamarca.

Se desempeñó en la Biblioteca del Senado de la Provincia “Dr. Mario D. Aguirre”.

Publicó cuentos y poemas en Antologías editadas por la SADE y SALAC de Córdoba y Catamarca.

Forma parte de las Antologías “Leer la Argentina-Tomo II NOA” (EUDEBA – Ministerio de Educación de la Nación/2006) y de “Destejer el Universo” (SADE Catamarca – SADE Tucumán (2020)

Integrante del Plan Nacional de Lectura y del Equipo Provincial de Lectura con proyectos de lectura desarrollados en Institutos Juveniles de Rehabilitación: Hogar “Santa Rosa” y Hogar de Niñas “Sipas Huasi”.

Actualmente integra la SADE Filial Catamarca y el Grupo Literario “La Cueva”

Publicaciones:

  • “Lapacho Florido y otros cuentos” (2000) - Ediciones Gráficas Noroeste ISBN 987-43-1875-9
  • “Caricatura del tiempo” (2004) – Universidad Nacional de Catamarca ISBN 950-746-117-5
  • “Las últimas noticias de Martha (Novela) – Ediciones Color SA – Catamarca ISBN 978-987-33-4926-3 – 1er. Premio Obras Trienales de Literatura, rubro Novela

Premios y distinciones por sus trabajos literarios:

-Mención de Honor en la Muestra Federal de Cultura, categoría Cuento fantástico, C. F. I. Bs.As. Junio de 2000.

-Plaqueta "Gobierno de Catamarca-Consejo Federal de Inversiones (2000)

-Primer Premio Único rubro Novela en los Premios Trienales de Literatura de la Municipalidad de San Fernando del Valle de Catamarca (año 2012), con la Novela “Las últimas noticias de Martha” ISBN 978-987-33-4926-3

Obras inéditas:

-"El último viajante" (novela)

-"El último pasajero" (novela)

-"Don Teófilo y el poncho azul y otros cuentos” (cuentos)

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