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El poder de la Ignorancia Segunda Parte y Derecho a réplica

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15 de marzo de 2022 - 02:05

Manuel Fontenla

Licenciado en Filosofía y Dr. en Estudios Sociales de América Latina (CEA-CONICET)

El 5 de enero se publicó en este diario una nota de mi autoría, titulada “el poder de la Ignorancia”, donde realizaba un análisis en dos partes sobre el fenómeno político social del #Chubutazo (ocurrido a fines de diciembre pasado) y algunas reflexiones que se podrían extraer de allí, para pensar el contexto de megamineria en Catamarca. Allí afirmaba analizar dos ideas sobre las posibilidades (o imposibilidades) de un “Catamarcazo”, es decir, de una gran manifestación social en contra de la megamineria. Y como lo prometido es deuda, he aquí esa segunda parte.

Para un párrafo final, dejo los comentarios sobre las repercusiones y réplicas (que han sido muchas) de la primera nota publicada y mis respuestas a la carta del Colegio de Ingenieros en Minas.

I. Los “nacidos y criados” y los “de afuera”.

Vuelvo al libro de Ana María Weinstock, “Si a la vida y no a la Mina” que motivó mi reflexión para recuperar esta segunda idea que inmediatamente me hizo pensar en nuestra Catamarca. Me permito un breve rodeo para llegar al punto.

En la década de 1960 en nuestro país, se produce en el Sur un fenómeno de migración interno a partir del cual se formaron comunidades de familias e individuos, que por un mix de razones (vinculadas en muchos casos a una toma de conciencia sobre el cuidado de la naturaleza y el medio ambiente) se trasladaban de grandes centros urbanos (principalmente Bs As) a pequeños pueblos como Lago Puelo, o años más tarde, el famoso San Marcos Sierra en Córdoba. Este es un dato importante, porque como señala Ana María, una parte del Movimiento “No a la Mina” estuvo integrado por muchas de estas personas migrantes-internas, que, en el Esquel de aquella época, eran nombrados como “los venidos” (de afuera).

Más allá de una caracterización específica de “los venidos”, que sería bastante compleja de realizar, es posible afirmar que este tipo de división identitaria se ha vuelto mucho más común a medida que los centros urbanos fueron colapsando y más gente empezó a elegir radicarse en provincias menos pobladas y con mayores oportunidades o espacios laborales. Catamarca no ha sido la excepción. En nuestra provincia, existe una división similar que suele nombrarse como, los “Nacidos y Criados” y “los de afuera” (hablar de esta división, es entrar de lleno en un espinoso terreno de cardones y cactus, del cual difícilmente uno no salga bien “ramiado”. A conciencia, allí me meto).

La división identitaria en cuestión, es un arma de doble filo. Por un lado, tiene un aspecto positivo, sobre todo en el interior de la provincia cuando se enarbola una identidad de orgullo, amor, cuidado y respeto del pago propio. Se dice Nacido y Criado para hacer presente las costumbres y saberes de cada pueblo. Y, sobre todo, tiene un aspecto positivo, cuando se utiliza para “frenar” o “combatir” la soberbia y prepotencia que en la larga historia de nuestro pueblo (y de todo el NOA) se ha vivido frente a, justamente, los venidos de afuera, especialmente, del arrogante centro porteño, o la pretensiosa Córdoba.

Pero, por otro lado, esa identidad tiene un costado negativo si se vuelve un impedimento de transformación para la identidad cultural de quienes la asumen. Es decir, es absolutamente innegable que todas las culturas cambian y se transforman a partir de procesos de contacto, migraciones, globalizaciones, etc. etc. Ninguna cultura puede permanecer estática e idéntica a si misma siempre. En otras palabras, la identidad de los “Nacidos y criados”, y de los “de afuera”, también se ha ido, e irá, modificando.

Pero ¿Cómo se vinculan está identidades con el tema de la megamineria? Lo hace si queremos comprender mejor quienes son los y las que luchan para defender el agua contra los proyectos destructivos del ambiente. Y ante esa pregunta es que la asamblea de Esquel, y su actual lucha y experiencia, nos vuelve a traer una enseñanza. Porque lo que descubrió la Asamblea “No a la mina” en sus más de 20 años de caminar e informar, es que no importaba tanto si los que estaban ahí eran “los venidos” o “los locales”. Si eran personas con modos de vida alternativos o no, si eran “hipis” o campesinos.

Los esquelinos supieron que lo fundamental era que todos sentían como propia la amenaza. Todos estaban preocupados por cuidar su lugar de vida que iba a ser destruido. Todos y todas entendieron que el agua era más importante que ser de aquí o de allá. Y esa fue la fuerza de su unión.

Este diciembre pasado en Esquel, como el diciembre de 2019 en el #Mendozaso, lo que se vio fue algo increíble. Vimos miles de imágenes de quienes son los que defienden el agua. Y en ambas provincias pudimos ver la enorme heterogeneidad de esos grupos: familias, individuos, jóvenes, ancianos, que salieron a las calles. Pudimos ver filas enormes de tractores, campesinos viñateros, trabajadores del estado, comunidades indígenas, colectivos ambientalistas, feministas, vegetarianos y veganos, en defensa de los animales, a favor de la agricultura orgánica, artesanos, artistas, y gente que simplemente está muy preocupada por la crisis climática y sus efectos. Es decir, una variedad muy diferente de personas, con culturas e historia diferentes, todas juntas, poniendo una provincia totalmente de pie con un solo y mismo objetivo: defender el agua para el pueblo, y no para las mineras.

Porque a pesar de sus muchas diferencias, todos entendieron que Sin agua no hay vida, y que la megamineria NO es futuro, ni progreso, ni mejor calidad de vida. Saben que esa, es una falsa solución.

En Catamarca, asambleas como Ancasti por la Vida, El Algarrobo, Antofagasta Resiste, El Chañar, Fiambala Despierta o El Valle en Movimiento, también buscan enseñar la importancia de dejar de lado los prejuicios, las disputas sin sentido, y las identidades que no nos permiten acercarnos al prójimo, comprender al otro diferente.

En política, el lema es harto conocido “Divide y reinarás”. Y efectivamente, esa ha sido desde siempre la estrategia de las empresas, los gobiernos y los grandes medios nacionales. Poner al pueblo contra el pueblo, dividir a los vecinos, confrontar a las personas que son diferentes, pero viven en un mismo lugar.

Las identidades importan, son fundamentales para el autorreconocimiento, para la valoración cultural, para sabernos valiosos y alimentar nuestras historias, memorias y culturas. Pero también es importante abrir esas identidades al intercambio, a lo nuevo y desconocido, a lo viejo y olvidado, al desprejuicio, a lo intercultural e intergeneracional.

Sea que lo afirmen los nacidos y criados de cada terruño de esta provincia, o los venidos de afuera que han elegido como propia esta tierra también, o todos aquellos que se sienten amenazados por un modelo de sociedad que solo propone explotar y saquear, que solo piensa en dinero, y que en su ceguera niega la crisis climática que vivimos; son cada vez más, desde el sur al norte, quienes saben que el agua vale más que el litio y que el oro. Saben que esa es la razón más importante para caminar juntos, para dejar a un lado diferencias, para empezar a compartir el futuro.

Esta es una enseñanza que el #Chubutazo y el #Mendozaso, nos invita a reflexionar para la realidad de nuestra provincia.

II. Derecho a réplica

Para ser breve, mi primera nota publicada, tenía una pregunta de eje ¿Por qué confiar en las “verdades” de las empresas mineras?

Es una pena, realmente una pena, que la carta de los Ingenieros en Minas, justo, se haya olvidado de ese punto. Para toda la ciencia desde mediados del siglo XX en adelante, ya no existe la objetividad como algo desvinculado de los intereses políticos y económicos que la promueven. Ciencia e interés es una relación indiscutible, salvo, parece, para los ingenieros en minas.

El punto que hubiese traído claridad, objetividad, e información es esclarecer el vínculo entre universidad-gobierno-empresa. ¿Cómo impacta en la objetividad de sus conocimientos que las empresas financien sus propias investigaciones y estudios de impacto ambiental? ¿Cómo ven lxs colegas que muchos docentes e investigadores trabajen primero en los organismos de control del Estado y luego en las mismas empresas que debían controlar? (algo que pasa cotidianamente en nuestra provincia).

La otra cuestión central, era señalar que las asambleas, los vecinos y vecinas organizados, también tienen UNA VERDAD. Y su verdad, que habla de los efectos que sufren por la megamineria, nunca es escuchada, ni por el gobierno, ni por las empresas, ni por muchos sectores universitarios. Lamentablemente, esta cuestión tampoco fue respondida por los ingenieros.

En fin, es una pena que hayan estado tan preocupados por atacarme, y se hayan olvidado de responder a los argumentos, análisis y reflexiones que tenía mi nota. Pero no me sorprende, lo dije desde el primer reglón: estas líneas están dirigidas a aquellos que se permiten dudar. No a los fanáticos, a los que ya se convencieron que solo hay un camino posible para nuestra provincia. Estas ideas, están al servicio de toda esa gente que día a día va cambiando su manera de pensar y está empezando a buscar otras respuestas y otras alternativas.

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