viernes 14 de agosto de 2026

El instinto del escualo

La fragmentación del poder toma visos de incipiente disolución y genera un vacío sobre el que avanza la marea de Javier Milei. A tres semanas de las PASO, ni Unión por la Patria ni Juntos por el Cambio han podido levantar diques para al menos atenuar su fuerza y el libertario retiene la iniciativa.

Tal vez se deba a que lo novedoso del fenómeno le ha dado una gran visibilidad a las exploraciones sobre su naturaleza. De la subestimación condescendiente se ha pasado a la urgencia por desentrañarlo, que se traduce en la multiplicación de los análisis. Las herramientas disponibles son ineficaces para neutralizarlo y recrudecen críticas a los dislates del personaje que refuerzan su presencia en el foco de la atención pública.

Mientras Milei se afianza, en los polos de la vieja grieta emergen indicios de descomposición y empieza a cernirse la amenaza de las deserciones.

La ausencia de Cristina Kirchner y Mauricio Macri hace aún más evidentes las dificultades para articular una estrategia nacional consistente.

Balcanización

La lectura retrospectiva muestra desde 2015 una balcanización en escalada, con el paulatino retroceso de la autoridad Presidencial a favor de las jefaturas provinciales.

Alberto Fernández es la caricaturización de ese proceso, pero ya Macri se vio cercado por la dependencia que tenía de la anuencia de gobernadores y caciques del Conurbano bonaerense para maniobrar en el Congreso. Ni siquiera el hecho de que su espacio reuniera las administraciones nacional y de la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires, una concentración inédita desde la reforma constitucional de 1994, le sirvió para sortear el escollo.

El desdoblamiento de elecciones provinciales de este año es similar al de 2019 y expresa lo mismo: ante la incertidumbre nacional, los gobernadores se aseguran el control de sus territorios y desensillan hasta que aclare.

En 2019 el amanecer llegó temprano, con la martingala de la fórmula Fernández-Cristina Kirchner y la repatriación de Massa en el Frente de Todos. Cuatro años después, el peronismo y sus antagonistas en la grieta se enfrentan descapitalizados electoralmente a la arremetida de un tsunami que les ganó las PASO con el tercio de los votos.

Sigue oscuro nomás, por dónde irá a aparecer el lucero del alba.

Huérfanos en busca de hogar

La impotencia nacional llegó al paroxismo y se colocó en boca de tronera presidencial un sujeto impredecible, al comando de un movimiento que se galvaniza en el culto a su personalidad.

Todas las coordenadas se han alterado dramáticamente, el mapa está en elaboración. El estímulo para atrincherarse en el territorio y blindar lo que se tiene ante la volatilidad es mucho más intenso que 2019.

La mayoría de las provincias ya tienen su situación resuelta y sus mandatarios, electos o reelectos, no advierten por el momento la conveniencia de salir al descampado.

Los líderes en declinación se mantienen enigmáticos, tal vez esperando un hueco para reempinarse.

Cristina no aparece y el kirchnerismo apuesta su supervivencia a que Axel Kicillof continúe en el gobierno de Buenos Aires. Macri, a que su primo Jorge gobierne la CABA, mientras coquetea con el ascendente Milei.

Sergio Massa y Patricia Bullrich intentan revertir estas prescindentes actitudes de quienes tienen que acarrearles votos, en una posición muy cercana a la orfandad.

Massa protagonizó esta semana un episodio particularmente ilustrativo.

Tras conseguir oxígeno del FMI, ordenó en su condición de ministro de Economía pagar un bono de $60.000 en dos cuotas. Se le desacataron no solo los empresarios sino también la mayoría de los gobernadores peronistas.

Los mandatarios explicaron que ya vienen aplicando en sus distritos medidas para mitigar el impacto de la inflación, de cuya cronificación Massa, generoso con la plata ajena, aparece como el principal responsable.

Este es un dato central: con paritarias frecuentes, cláusulas gatillo, bonos y créditos blandos, los gobernadores lograron impedir que la crisis se les desmadre y son renuentes a contaminarse con las angustiosas circunstancias nacionales que Massa administra. Preferirían más bien aparecer al frente de los reclamos de sus provincias en caso de colapso, ante Massa o ante quien sea.

Lo único que consiguió Massa con el bono es dejar al descubierto estos desacoples y especulaciones en Unión por la Patria, al mismo tiempo que los límites de su autoridad como ministro y como candidato. Hay un ostensible problema de enfilamiento que el traspié del bono hizo más difícil y sobre todo, caro de resolver.

Los inconvenientes de Bullrich son similares. Arma escenarios para atenuar el impacto del idilio entre Macri y Milei, más inquietante para ella por la ausencia de Mauricio en la campaña. Consiguió que Horacio Rodríguez Larreta le exprese su apoyo, el respaldo formal del radicalismo orgánico y la incorporación adelantada de Carlos Melconián como ministro de Economía para discutirle, con su barrial estilo, a Milei.

Pero el afantasmamiento de Macri pesa más, sobre todo por las cada vez más fuertes discrepancias en el frente porteño entre Jorge Macri y el radical Martín Lousteau. Los Macri no han hecho un solo gesto para contener a quien casi les gana las PASO.

Aunque falte para octubre, la escena exhibe a los candidatos de Unión por la Patria y Juntos desesperados por conjurar el desbande, mientras Milei se comporta como si ya fuera Presidente y empieza a cubrir casilleros de su eventual gabinete, sin descartar a Macri como canciller plenipotenciario.

Los tiburones

“La política” es una construcción teórica. Milei acertó al denominarla “la casta”, pero a despecho de las generalizaciones los que actúan son los políticos, que siguen el poder como los tiburones a la sangre.

Gran pregunta: ¿dónde estará el poder en la Argentina impotente?

La atractiva rabia de Milei tiene un límite insalvable: el consenso en torno a su figura no es trasladable, de modo que los votos son suyos, pero la estructura con la que debería gobernar no.

El poder se nutre de las carencias. La exigüidad de una estructura nacional propia limitó a Macri y la inexistencia anuló a Fernández.

Fueron carencias sobre las que avanzaron gobernadores e intendentes bonaerenses ¿Por qué habría de ser distinto con Milei?

A diferencia de Carlos Menem, que tenía el PJ y el sindicalismo, si el libertario llega deberá edificar su sistema.

Cada vez son más los que se dan cuenta de la oportunidad para sobrevivir, reciclarse y hasta empoderarse en semejante contexto.

Luis Barrionuevo destapó un naipe del que tanteos subterráneos venían insinuando la pinta. Sus declaraciones a El Ancasti en Catamarca repercutieron con fuerza a nivel nacional. “Milei gana en primera vuelta y sin chicote”, pronosticó y se puso a disposición para cubrirle los déficits.

“Las leyes tienen que salir, hay que acompañar porque vivimos en democracia. Así se acompañó a Mauricio Macri y a los distintos gobiernos. Si gana, va a tener minoría en ambas cámaras y va a tener que dialogar con todo el mundo", señaló, considerado y gentil.

Desensillar hasta que aclare, ya se ha parafraseado a Perón. ¿Podrán Massa o Bullrich arrimar algo de luz antes de octubre?

Mientras se devale la incógnita a la espera de los acontecimientos, “la casta” usa para orientarse su instinto de escualo.

El poder, como la sangre.

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