El desaforado estilo de Javier Milei y los sibilinos modales de la casta universitaria se complementan con la perfección de las complicidades tácitas para esterilizar cualquier debate sobre la educación superior en la Argentina.
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El formato de la impotencia
El Presidente obtiene del litigio elementos para continuar construyendo la imagen de implacable adalid del “déficit cero” en denodada lucha contra los degenerados fiscales; la corporación universitaria consigue por su parte mantener sin mella los privilegios y canonjías que le proporciona la administración discrecional de presupuestos multimillonarios.
Estos dos triunfos facciosos asoman claros en cuanto se toma perspectiva y se despejan las emotividades que impregnan movilizaciones como la de esta semana.
La educación pública es un valor importante para la estragada sociedad argentina, que continúa viendo en ella un factor central para ascenso social. Es lógico que ataques tan brutales y de consistencia argumental tan chirle como el del Gobierno libertario generen la reacción solidaria de una mayoría que atraviesa identificaciones políticas y clases sociales.
Sin embargo, la legitimidad de la causa universitaria es tan incuestionable como las maniobras de quienes la parasitan.
Intereses corporativos
En la manifestación realizada en Catamarca, agrupaciones de izquierda hicieron rancho aparte para diferenciarse de quienes “colocan los intereses corporativos de los rectores y las agrupaciones por sobre las necesidades de la comunidad universitaria”.
Estos zurdos son más insoportables cuando entre sus consignas se filtran algunos aciertos. ¿Cómo negar los intereses corporativos de la casta universitaria?
Por supuesto, sería absurdo renegar de la universidad pública por las malversaciones de unos cuantos. Sin embargo, esos cuantos se escudan en la universidad pública para continuar de lo más panchos con sus malversaciones, aprovechándose de las distorsiones de sus contrapartes.
Es interesante constatar que los ardorosos denuestos de Milei y sus acólitos contra las presuntas iniquidades de la casta universitaria no tienen correlato en denuncias concretas. Más interesantes aún, y reveladores, fueron los conceptos vertidos en el comunicado de la Oficina de la Presidencia posterior a la marcha, adicionales al anuncio del veto.
“El Poder Ejecutivo celebra el sinceramiento de los dirigentes Cristina Kirchner, Sergio Massa, Martín Lousteau, Horacio Rodríguez Larreta y Elisa Carrió, quienes han decidido unirse públicamente con el objetivo de obstruir el plan económico del Presidente. Esta convergencia deja de manifiesto la consolidación de un nuevo frente de izquierda populista en defensa de los privilegios de la dirigencia política”.
La Presidencia no discute sobre la universidad pública, la calidad de la educación superior, la relación entre la inversión y los resultados obtenidos, sino que denuncia un “frente de izquierda populista”.
Nótese lo conveniente de la coreografía.
El atraso de los salarios en la universidad es real, el reclamo es justo, pero lo que ha logrado la burocracia universitaria es diluir la discusión sobre sus miserias y las responsabilidades que le caben en el desplome del sistema. Milei ya dirige sus diatribas al novedoso “frente de izquierda populista”.
Debate ausente
¿No se debe la universidad pública un debate profundo sobre su realidad? ¿No requiere cambios?
La prolongada crisis de la educación argentina ha provocado, por ejemplo, una importante fuga desde la escuela pública a la privada en los niveles primario y secundario. Quienes terminan el secundario en la escuela privada, pagando matrículas que pueden ser carísimas, están en condiciones de incorporarse a la universidad pública gratis. ¿Es justo eso? ¿No debería revisarse?
Otro ejemplo: la universidad pública argentina forma gratuitamente extranjeros que vuelven a aplicar los conocimientos adquiridos a sus países de origen. Si el país nadara en la abundancia por ahí no habría problema, pero viene produciendo pobres desde hace dos décadas y está en el 53%.
Sostener la educación pública y gratuita demanda una discusión a fondo y sincera, no tramada por las urgencias electorales y las angurrias corporativas.
Será en otra oportunidad, vaya saberse cuándo.
Esta semana se define si el veto de Milei pasa o no el Congreso y qué actitud toma el macrismo al respecto. Milei anticipó que si la ley de financiamiento educativo queda vigente no la acatará y recurrirá a la Justicia.
La calidad de la universidad pública no importa, tampoco la incidencia del recorte que se le aplica sobre las cuentas fiscales. El Gobierno libertario no ha podido perforar el consenso social en torno a la educación pública y pasa a otra cosa.
Impregnado de extremismos que multiplican la fragmentación y terminan por clausurar cualquier posibilidad de diálogo constructivo, el formato adoptado por el debate universitario es el mismo que se aplica a cada aspecto de la vida pública nacional.
¿No tendrá algo que ver esto con la degradación Argentina?
Porque el año pasado ganó Milei, como antes ganaron Macri o Cristina, sin que el país haya podido revertir su impotencia.