Un estudio recientemente publicado corrobora las conductas discriminatorias que se despliegan en los procesos de búsqueda laborales. Un 86% de las personas encuestadas aseguró haberse enfrentado a una situación de discriminación en un proceso de búsqueda laboral.
La cifra es impactante y se desprende de la campaña denominada “Búsquedas irreales” realizada en países de América Latina. En Argentina, el porcentaje de personas que se sintieron discriminadas en ese tipo de circunstancias es apenas más bajo que el promedio general (84%). La campaña “Búsquedas irreales” consistió en la publicación de cinco avisos ficticios que mostraban, de forma evidente, sesgos que se advierten frecuentemente en las búsquedas laborales. Los avisos hacían foco en cuestiones como la nacionalidad, la identidad de género, la edad, etcétera.
El estudio permite acceder a información relevante que deberá servir de insumo para, en adelante, modificar criterios al momento de la selección de personas para incorporarse al mundo laboral. Los datos indican que el principal motivo de discriminación es la edad. Eso es lo que señala el 68% de los encuestados. Un testimonio contenido en la encuesta alude a este tipo de prácticas: “Me llamaron a una entrevista para un puesto para el que cumplía cada uno de los requisitos, pero cuando se dieron cuenta que tenía 56 años, me dijeron que no cumplía con el rango de edad que el cargo buscaba”.
En segundo lugar se encuentra el aspecto físico, factor que señala una de cada cuatro personas entrevistadas. En este caso los avisos suelen apelar como requisito al clásico “buena presencia”, un eufemismo que en realidad implica, mayoritariamente, una selección más o menos de acuerdo con los estereotipos de belleza hegemónicos en la sociedad. En la investigación se publica el testimonio de una mujer que se sintió discriminada por esta causa: “Soy una persona con estudios, responsable y seria; pero con un ´gran defecto´ para la sociedad: soy gordita. En los avisos ponen buena presencia, pero en realidad se refieren a flacas”.
Le siguen como causa la maternidad (una de cada tres mujeres indica que tener hijos/as tiene un impacto negativo en las posibilidades de contratación para un trabajo) y el sesgo de género. Respecto de la maternidad, una mujer relató lo que le sucedió al acudir a una entrevista laboral: “Me preguntaron sobre mi último periodo menstrual, si pensaba tener más hijos (porque claramente ellos no querían eso) y si estaba dispuesta a someterme a un análisis de sangre para verificar que no esté embarazada antes del contrato”.
Los sesgos en el proceso de selección de personal para un trabajo están presentes también en toda la vida de una organización, y por supuesto en la vida cotidiana, más allá del ámbito laboral. Visibilizarlos debería permitir comprender el daño que la discriminación negativa produce en todos los aspectos de la vida social, y a partir de esta constatación empezar a modificar estas conductas.