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Cara y Cruz

El eje porteño

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8 de diciembre de 2021 - 01:10

Luego de que la dupla conformada por Emiliano Yacobitti y Rodrigo De Loredo perpetró la fractura del bloque radical en la Cámara de Diputados de la Nación, el gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, acusó al senador nacional porteño Martín Lousteau, instigador de la insurrección, de ser instrumento del macrismo para debilitar a la Unión Cívica Radical y funcional a los intereses del kirchnerismo, que requiere una oposición divida para prevalecer. La pelea por el control de los resortes partidarios boinablancas es el telón de fondo, pero Morales olfatea bien.

Lousteau es, antes que nada, porteño. Como los socios del PRO Horacio Rodríguez Larreta, Mauricio Macri, María Eugenia y el Colorado Santilli, pero también como el presidente Alberto Fernández.

Lousteau pretendía desplazar al cordobés Mario Negri de la presidencia del bloque radical. Como su pollo Yacobitti y De Loredo no pudieron juntar los números necesarios, rompieron. Los díscolos iban a ser 15, quedaron 12. Desconfiado como mula tuerta, Alfredo Cornejo, presidente de la UCR, mandó a los tres diputados que le responden –él pasa al Senado- que deserten de la arremetida. Cornejo es mendocino.

La rebelión contra Negri, ataviada con ropajes de renovación, representa una reacción del eje metropolitano de Juntos para el Cambio: el PRO es fuerte en CABA, pero la UCR lo barre en el interior.

Lousteau, un producto político porteño típico, posicionado mediáticamente con más fuerza desde que lo echaron del gabinete de Cristina Fernández de Kirchner en 2008, aspira a suceder a Rodríguez Larreta en la Jefatura de Gobierno de CABA.

La meta de la conducción radical es, en cambio, robustecer al partido para sentarse en igualdad de condiciones en la mesa de tratativas para el reparto hacia 2023. La jugada en Diputados los induce a suponer que es incompatible con las pretensiones de Lousteau. La participación de De Loredo, que es de Córdoba y derrotó junto a Luis Juez a Negri en las primarias, no basta para convencerlos de lo contrario.

En la discusión con Lousteau, Morales le planteó que la prioridad en esta instancia es mantener monolítico al radicalismo y que en democracia los números mandan: si no tenían los números para ganarle la presidencia a Negri, deberían haberse allanado a los resultados. La ruptura no puede tener otro fin de que satisfacer propósitos de protagonismo faccioso en detrimento del conjunto. El demócrata se prueba en la derrota, admitiéndola. Cualquiera es demócrata cuando gana.

La arremetida en la Cámara baja había tenido un precedente indicativo. El armado porteño de Lousteau había perdido en la pulseada por la conducción de la Juventud Radical a manos de la correntina Valeria Pavón, de quien el diputado catamarqueño Tiago Puente –castillista- es secretario general.

Vencida la oferta porteña en ese espacio, Lousteau promovió el quiebre en Diputados y desestabilizó el frágil equilibrio de toda la coalición opositora, que acaba de ganar las elecciones de medio término.

La deserción abre incógnitas sobre la integridad de Juntos por el Cambio en una coyuntura crítica. Negri es, aparte de titular del bloque radical, presidente del Interbloque de la alianza. Si el empeño de Lousteau por trepar lo lleva a romper la bancada por no poder presidirla ¿Qué puede esperarse de él hacia adelante?

Por primera vez le empiezan a recordar que fue él, como ministro de Economía de Cristina Kirchner, el ideólogo en 2008 de la Resolución 125 para imponer las retenciones móviles a las exportaciones de granos, que precipitó la pelea contra el campo. Y se preguntan si no seguirá pensando lo mismo.n

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