El derrotero del caso protagonizado por el diputado Javier Galán coloca a la presidenta de la Cámara baja, Paola Fedeli, frente a un dilema: debe decidir si despide a dos empleados del cuerpo que administra que han confesado en sede judicial ser “ñoquis”.
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El dilema de Fedeli
Se trata de Daniela Solohaga e Iván Luna Avellaneda.
La mujer denunció que Galán la forzó a tener relaciones sexuales para designarla en la planta provisoria de la Cámara de Diputados, le hacía entregarle la mitad de su sueldo y la obligaba a trabajar en su negocio particular, el corralón “San Javier”.
Ofrecido como testigo por Solohaga, Luna Avellaneda denunció pocos días después que Galán lo presionó para que desmintiera a su compañera y aseveró en su exposición que el diputado también le hacía transferir a terceros la mitad de su sueldo y trabajar en su corralón.
Galán deberá responder en algún momento por abuso sexual, exacciones ilegales y peculado de servicios, pero Solohaga y Luna Avellaneda se autoincriminaron al denunciarlo: no trabajaban en el organismo público que les paga el sueldo, sino en el comercio privado de un diputado.
El presidente del bloque del MID, Fernando Baigorrí, pidió Fedeli la baja y el reemplazo de ambos infidentes, sin ofrecer mayores justificaciones. Se desconoce si la presidenta de la Cámara le preguntó si los eventuales reemplazantes cumplirán algún tipo de función en la Legislatura o Galán los necesita para el corralón u otros menesteres. Debe considerarse que al presupuesto que dice destinar a la filantropía se le han caído dos medios sueldos.
Allá Galán y sus entuertos, el problema de Fedeli es otro: apañó hasta ahora no solo el peculado de servicios del legislador, sino que dos agentes del organismo cuyo patrimonio y presupuesto administra cobraran un sueldo sin asistir a su lugar de trabajo o prestaran servicios como contraprestación.
Fue como mínimo cómplice de los dos hechos puntuales, pero ¿cuántos casos como el de Galán habrá en la Legislatura? La Cámara de Diputados presupuestó para este año 2.095 empleados, el Senado 959: más de 3.000 agentes, no entran en el espacio físico del Palacio Legislativo y sus anexos.
Como administradora de unos recursos que han sido malversados, resulta extraño que Fedeli no sea más enérgica en sus acciones. Debería ser la más interesada en que el tema se resuelva porque como principal autoridad del cuerpo está directamente afectada.
¿Cómo es que el bloque del MID le pide apartar a dos flagrantes “ñoquis” como si tal cosa?
Por supuesto, Solohaga y Luna Avellaneda pueden alegar que no tenían demasiado margen para desacatarse de las directivas de Galán sin perder su ingreso, pero en cualquier caso el bloque del MID estuvo estafando a la Cámara desde diciembre ¿O Baigorrí no sabía que dos empleados de su bancada, pagados por la Legislatura, trabajaban en el corralón de Galán? Otro cómplice: Luna Avellaneda tiene la categoría de asesor de bloque.
Lo que pasa es que Galán y el MID sortean recriminaciones con un argumento al parecer incontestable: todos los diputados, todos los bloques, hacen lo mismo que ellos. Y todos hacen lo mismo con la anuencia de la presidenta Fedeli, que ahora enfrenta consecuencias concretas por tanta tolerancia.
De otro modo, tendría que haber presentado ya una denuncia penal por el supuesto fraude perpetrado contra la Honorable Cámara de Diputados.
Está a tiempo. Cuenta ya con las notas de Baigorrí solicitando las bajas y los reemplazos de Solohaga y Luna Avellaneda, que de ser ciertas las acusaciones contra Galán constituirían prácticamente una confesión de parte.