miércoles 25 de mayo de 2022

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Cara y Cruz

El ariete disfuncional

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28 de marzo de 2022 - 01:05

El canciller Santiago Cafiero oficia de ariete principal del presidente Alberto Fernández en la pelea con la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Su ascenso a esta posición en el orden albertista ofrece aristas interesantes para el análisis, pues ocurrió en detrimento de los diputados nacionales Victoria Tolosa Paz, de provincia de Buenos Aires, y el porteño Leandro Santoro, que venían cubriendo los roles estelares en la ingrata tarea de cubrir al Jefe de Estado. El elemento más curioso es que Cafiero inició la atropellada a partir de una disertación en Dubái muy celebrada por su exquisito manejo de la pronunciación del inglés, episodio que horas después completó al caracterizar cómo “dickhead” al periodista Jorge Lanata. “Cabeza de pene”, literalmente; “imbécil”, en general. Carlos Saavedra Lamas fue el primer argentino galardonado con el premio Nobel de la Paz, en 1936, debido al rol que jugó en la confección del Pacto Antibélico, instrumento jurídico internacional que inspiró tras mediar en la guerra del Gran Chaco entre Paraguay y Bolivia.

Debe reconocerse el aporte de Cafiero a la toma de conciencia sobre la degradación nacional. De Saavedra Lamas a él, el derrotero es nítido: Saavedra neutralizó la injerencia de los Estados Unidos en la región (la guerra del Gran Chaco se desató por el descubrimiento de grandes existencias de petróleo), él salta a la fama internacional por sus habilidades fonéticas, a las que adicionó el agravio a un periodista. Esclarecedor.

Como premio, se convierte en vocero del albertismo contra las no menos esclarecidas usinas de La Cámpora, Máximo Kirchner y Andrés “Cuervo” Larroque, cuya solvencia para los idiomas se desconoce en la misma medida que son evidentes sus aptitudes para la bulla.

Ya había dado pruebas de su perspicacia diplomática tras la gira del Presidente por Rusia, China y Barbados.

“En el mundo se despertó un interés por escuchar a Alberto Fernández”, dijo entonces. Una obviedad: la inquietud por superar relaciones tóxicas como la que el mandatario mantiene con su vicepresidenta es universal. Fernández dejaría enano a Pablo Cohelo y Gabriel Rolón si se dedicara al asunto.

Ahora salió a tratar de restañar las heridas con el kirchnerismo.

“Que no se confundan: la idea de país que tiene Máximo, Cristina y La Cámpora es la misma que tengo yo”, dijo.

A continuación, habló de la relación con los Estados Unidos.

“La Argentina es un país soberano y defiende su soberanía. Tiene su historia, tiene su trayectoria y por eso tiene peso regional. La Argentina no se pliega ante ninguno de los poderes globales. Siempre ha tenido independencia de opinión y eso se respeta”, consignó.

“Creemos que EE.UU. tiene que tener una mirada distinta con respecto a Latinoamérica y el Caribe”, añadió.

Lo que aqueja a la Argentina es el despoder, en gran medida devenido de desvaríos como el de Santiago Cafiero.

Lo que Cristina, Máximo y La Cámpora han dicho con su ruptura en un tema tan clave como el acuerdo con el FMI es que no comparten la “idea de país” que tienen Cafiero y su mandante, el Presidente. Tal es el problema que tiene que resolver el Frente de Todos gobernante: no de espacios, sino de visiones sobre el mundo en general.

El canciller-vocero no los asume, y esa conducta le genera inconvenientes como el del secretario de Relaciones Exteriores, Claudio Tettamanti, cristinista, que recomendó omitir en las Naciones Unida la condena a la invasión de Rusia a Ucrania, contradiciendo la posición fijada por el propio Ministro de Relaciones Exteriores.

Disonancias como esta ubican a Cafiero en la categoría de los “funcionarios que no funcionan” creada por Cristina.

Él no se hace cargo, pero a Saavedra Lamas no le hubiera pasado.

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