lunes 10 de junio de 2024
Cara y cruz

Devaluación del sobrinazgo

Duele constatar cómo cunde la ingratitud en el campo de la política. La Unión Cívica Radical retribuyó la tan dilatada como brillante trayectoria de Rubén Herrera con un miserable puesto de prosecretario de bloque en la Cámara de Diputados. Tal limosna no puede interpretarse más que como un insulto hacia un dirigente que supo transitar con rara solvencia las arduas sendas del sobrinazgo, aunque él, con generosidad característica, haya preferido no ponerlo en evidencia con el rechazo del cargo.

¿Cómo es posible que los diputados radicales hayan designado como secretaria de bancada a la ignota Carolina Vergara Martínez en lugar de aprovechar la experiencia de Herrera? Agravio postrero: se lo priva de meter los emolumentos de un cargo superior en su inminente jubilación.

Incomprensible. La contribución de Herrera al ascenso político de su tío, el extinto Eduardo Brizuela del Moral, parece haber sido imprescindible ya desde los tiempos de la Intendencia capitalina, en la que se desempeñó como secretario de Acción Social entre 1992 y 1997. Luego fue concejal por dos períodos, entre 1997 y 2005, y finalmente fue asignado a la Cámara de Diputados, donde desplegó su talento nada menos que durante cuatro temporadas, entre 2005 y diciembre del año pasado. No erró una en treinta años, el Rubén.

En un destacable gesto de coherencia nepótica, lo salvó del ostracismo total su sobrina, la diputada Natalia Herrera, representante del sector disidente del brizuelismo Radicales en Acción. La Prosecretaría de bloque estaba en manos del exconcejal Federico Pague, a quien mandaron al Concejo Deliberante para integrarse al equipo del concejal Aldo Cancino.

Nótese lo conmovedor de la historia: el tío Eduardo amparaba al sobrino Rubén, quien es auxiliado en las vísperas del retiro por la sobrina Natalia. Gente solidaria, siempre dispuesta a ayudar a sujeto tan necesitado.

Las mezquindades propias de cierta clase política no permiten apreciar esta acendrada vocación por la familia. Parece que la designación del sobrino-tío Rubén le cayó muy mal a algunos que no alcanzan a entender las sutilezas de los equilibrios internos y la necesidad de preservar el caudal electoral de Eduardo Brizuela del Moral a través de sus populares herederos.

Los cuatro cargos políticos no alcanzan para las nueve líneas internas de la UCR que están representadas en la Cámara baja: Celeste- Morada- Radicales en Acción- FAPRA- Corriente Progresista Radical, MIRA, Raúl Alfonsín, Renovación Radical y Popular y Movimiento Renovador. Los otros dos cargos pertenecen uno al FAPRA del diputado nacional Francisco Monti, en el que está designado el abogado Antonio Acuña y el otro a Florencia Collantes, de Morada.

El MIRA tendría un cargo índice menor. La Corriente Progresista Radical (CPR) no logró incorporar a nadie desde 2019, cuando asumió José Sosa, y los nuevos que ingresaron en diciembre también anhelan algún cargo para sus militantes. Los Renovadores, la Raúl Alfonsín del senador nacional Flavio Fama, la Renovación Radical y Popular tienen expectativas, al margen de que cada legislador puede designar a uno o dos colaboradores.

Las recriminaciones se mantienen en sordina. Solo la desubicada de la diputada Silvana Carrizo se animó a postear: “Lo que está pasando en el bloque es un ejemplo claro de esta dirigencia que se apropia de los lugares como si fuesen un bien personal. Creen que se pueden acomodar en el lugar donde están, y ni se plantean cómo transformar la realidad. Renovarnos es construir un futuro mejor. Al que no le gusta, que no lo lea”.

No lo menciona a Rubén, pero ni falta que hace. Lamentable, esta devaluación del tradicional sobrinazgo.

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