miércoles 29 de junio de 2022

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Cara y Cruz

Desafío de integración

Las maniobras que dispuso la litífera Livent para retacearle contribuciones al fisco catamarqueño fueron...

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14 de junio de 2022 - 00:30

Las maniobras que dispuso la litífera Livent para retacearle contribuciones al fisco catamarqueño fueron al mismo tiempo un duro golpe a la de por sí precaria licencia social que tiene la actividad minera y una advertencia sobre la necesidad de marcar de cerca a las grandes corporaciones.

Las infracciones de la firma impactan sobre el flanco más sensible que tiene la minería en Catamarca, que es el económico, por las malversaciones de la renta que arrojó para el sector público la explotación de Bajo La Alumbrera por regalías y utilidades a través de YMAD. Que las millonadas abonadas por Minera Alumbrera no se hayan traducido en progreso para los pueblos aledaños al yacimiento es el pasivo político más gravoso a revertir.

Livent pagará las sumas sustraídas por subfacturaciones y 500 mil dólares para obras, pero el Estado provincial debe procurar no solo que la situación no se reitere con otras litíferas que se aprestan a iniciar explotaciones, sino también que las inversiones, regalías y gravámenes redunden en beneficios concretos para la sociedad

En este sentido, un grupo de comerciantes de Fiambalá se autoconvocó para manifestar su malestar porque Liex, que desarrolla el proyecto Tres Quebradas en ese municipio, no les abre juego para aprovisionarse.

Es un caso típico de desconexión entre los grandes anuncios y la experiencia de quienes deberían obtener provecho de la actividad. La empresa china Zijin, que controla Liex, se comprometió a invertir nada menos que 380 millones de dólares en una planta productora de carbonato de litio y, como es habitual, el discurso oficial añadió a la espectacularidad de la cifra los puestos de trabajo que se crearían.

Los comerciantes fiambalenses rezongan porque todavía no pueden insertarse en el negocio. Los encargados de las áreas de compras y recursos humanos de la empresa, que está en la zona desde 2018, asistieron al encuentro de los autoconvocados acompañados de una traductora y tuvieron que escuchar una retahíla de reproches

“Decenas de camiones pasan a diario por medio del pueblo trasladando insumos para la minera, pero aquí no cargan combustible, no se alojan, no comen, no dejan nada en Fiambalá. Todo lo traen de otro lado. Además, ningún camión de la zona ha sido contratado”, recriminó uno de los participantes.

“No puede ser que el servicio de catering lo haga una empresa de Andalgalá que no compra ni un kilo de carne en Fiambalá, o que una empresa nacional abastezca de agua mineral al proyecto, cuando en Fiambalá tenemos una planta. Deben tener gestos y cambios inmediatos, sino nuestras actitudes serán otras”, advirtieron.

Es un conflicto todavía en ciernes. Obvio, sería conveniente resolverlo desde ya, antes de que cobre mayor vuelo, pero también puede tomárselo como referencia para las tratativas con el resto de las litíferas.

Regalías, tributos e inversiones millonarias está muy bien, pero lo que hace falta es profundizar en la generación de una cultura hospitalaria a la minería, cosa que resultará imposible si se afianza la percepción de que las grandes corporaciones se llevan las riquezas y no dejan nada. En esto, los “gestos” que se les reclamaron a los representantes de Liex tienen importancia superlativa y cuesta mucho remontar los perjuicios en la credibilidad que producen el incumplimiento de las promesas.

Pareciera que Liex ha venido funcionando en una especie de burbuja que le dificulta integrarse a la comunidad fiambalense. Es un desafío de orden cultural que se ha hecho más arduo a partir del incidente con Livent.

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