Con el veto a la compensación y los cambios en la movilidad jubilatoria que sancionó el Congreso, Javier Milei confiesa la hipocresía de su narrativa.
- El Ancasti >
- Edición Impresa >
- Opinión >
Defección moral
Sus berrinches, insultos, altisonantes denuncias de traiciones y complots, operativos de degradación virtuales contra los objetos de su inquina y encendidos alardes de coraje irreductible contra la casta, no son otra cosa que maniobras distractivas para intentar sacar de foco que las metas macroeconómicas de las que se envanece resultan de ensañarse en el saqueo a los sectores más vulnerables e indefensos de la sociedad.
La negativa a acomodar los ingresos de los jubilados mientras mantiene incólumes las millonadas que ganan los niveles jerárquicos de los organismos y empresas estatales sintetiza a la perfección la mascarada.
La fórmula aprobada en el Senado establece un aumento de las jubilaciones y pensiones del 7,2% retroactivo a abril, más un adicional del 8,1% compensatorio por lo que les robaron a los pobres viejos en enero.
Para no enredarse en cifras, con este diseño la jubilación mínima pasará de $234.540 a $285.000: 50.460 pesos más.
El sistema garantiza un ingreso mínimo para quienes perciban un solo haber que actualmente es $304.540. Con la reforma se elevaría a $317.704: 13.164 pesos más.
Eso es lo que Milei se apresta a negarle a los jubilados con el pretexto del equilibrio fiscal. Arguye que el gasto adicional representaría un 0,44% del PBI.
¿Qué porcentaje del PBI representan los sueldos jerárquicos de las empresas estatales, ANSES, PAMI, AFIP y el resto de los organismos del Estado? ¿Cuánto los del Poder Judicial? ¿Y los del Congreso?
Ninguno baja de los 5 o 6 millones pesos. Sería interesante conocer una cifra global sumando los emolumentos de, por ejemplo, jefes o directores para arriba. A ver cuánto del PBI representa y con cuánto podrían contribuir a equilibrio si se ajustan la cincha.
Milei se indignó e hizo un escándalo con el aumento de las dietas de los senadores nacionales, que van enganchadas con los sueldos de los empleados legislativos. Los tribunos iban a pasar a cobrar de 7 a cerca de 9 millones de pesos al mes, por un incremento del 6,6% de los agentes del cuerpo, pero finalmente recularon en la misma sesión en la que completaron el trámite parlamentario de la compensación jubilatoria. Seguirán cobrando los 7 millones, pero al menos lograron habilitar un aumento de 50 mil para la jubilación mínima y de 13 mil para el ingreso mínimo garantizado.
A ellos un 6,6% les significaba un salto de dos millones, a los jubilados en la escala más baja le representaría poco más de 50 mil un 13,3%. Trasládese esa relación al resto de los enclaves estatales. La diferencia es obscena.
Sin embargo, Milei dedica palabras gratuitas a los senadores y concreta acción de veto a los jubilados.
Astuto, el Presidente. Se aflige para la tribuna y cosecha los réditos del agravio al “nido de ratas”, pero se ceba en los indefensos jubilados para cerrar su preciado equilibrio fiscal y no dice una palabra de los miles de millones de pesos al año que embuchan los jerarcas de la burocracia pública y las empresas estatales, que se fijan sus propios salarios arbitrariamente y sin más criterio que sus angurrias, en componendas con el sindicalismo. Si total después le trasladan el costo a la gente.
Esa es la casta oculta ¿Por qué no va contra ellos Milei, ya que es tan guapo? ¿Por qué no se indigna con esos feudos?
Los jubilados y pensionados argentinos son la variable de ajuste perpetua. En el programa libertario, son el sector que más ha sacrificado para que cierren las cuentas macroeconómicas y los dibujos contables de Luis “Toto” Caputo. Con ningún otro se aplican rigores y justificativos técnicos similares.
El Estado tiene la obligación de resolver la crisis del sector previsional. Vetar la movilidad mientras se mantienen y ocultan las cuevas del privilegio es una defección moral.