jueves 4 de agosto de 2022

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Editorial

Contra la naturalización y la impunidad

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4 de julio de 2022 - 01:00

Cuatro años después de que el hecho fuera denunciado, tres jóvenes fueron condenados por haber abusado sexualmente en la localidad ambateña de Las Juntas durante la Semana del Estudiante de 2018 a una adolescente que entonces tenía 15 años. Si bien los casos judiciales –y las condenas- por abusos sexuales son cada vez más frecuentes, las violaciones en manada o grupales no tienen en Catamarca demasiados antecedentes.

La sentencia es ejemplar y sienta precedentes. Los casos de abusos sexuales en contexto de “fiesta” entre jóvenes son más comunes de los que se cree. El problema es que solo un mínimo porcentaje se denuncia. Hay, entre los victimarios, una sensación de impunidad porque si la víctima no se encuentra en perfectas condiciones de sobriedad su no consentimiento a la consumación del acto sexual se suele poner en duda.

En el caso de Las Juntas, la firme voluntad de la víctima de denunciar el hecho y las denuncias previas que tenían dos de los jóvenes condenados contribuyeron a dar veracidad al hecho, que quedó debidamente probado. La condena fue dictada en base a una resolución basada en perspectiva de género. Otros juzgamientos de estos casos terminan, lamentablemente, investigando a la víctima y cuestionando alguno de sus comportamientos.

Durante mucho tiempo episodios similares al ocurrido en Las Juntas eran considerados apenas como excesos de una noche de fiesta, aunque las víctimas jamás hayan consentido tener relaciones sexuales. Pero un exceso es un cosa y un delito tipificado en el Código Penal otra muy distinta. Entonces, las denuncias eran prácticamente inexistentes y, si finalmente se presentaban, no se investigaban debidamente, culminaban consagrando la impunidad y revictimizando a la chica abusada, que quedaba expuesta ante la sociedad o, por lo menos, ante el grupo de amigas y amigos.

Aún hoy, pese a los avances en la conciencia, hay muchos abusos que no se denuncian. La última Encuesta Nacional de Victimización tiene ya cinco años y da cuenta de la tasa de “no denuncia” de acuerdo con cada tipo penal. Según ese informe, publicado en 2017, la tasa de “no denuncia” de los delitos de “ofensa sexual” es del 87%, uno de los registros más altos de todos los analizados. El Ministerio de Seguridad de la Nación señala que “los delitos contra la integridad sexual tienen un alto nivel de subregistro, debido a los procesos de estigmatización que sufren las víctimas”. Y agrega: “Los cambios en la percepción social sobre la violencia sexual, así como en las respuestas institucionales y en las políticas estatales, impactan (positivamente) en los niveles de denuncia”.

De todos modos, con el avance de la conciencia de no naturalizar estos actos, las denuncias son más frecuentes, y tanto la Policía como la Justicia tienen una predisposición mayor a encarrilar la investigación de los hechos con seriedad y no subestimando la versión de la denunciante, como sucedía antaño. Los castigos de este tipo de aberrantes delitos contra la integridad sexual sirven también, aunque parcialmente, para ponerle un freno. La impunidad, en cambio, los alienta.

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Brutal. Le dio una mano para saludarlo y con la otra lo golpeó. 

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