El modus operandi del catequista Julio Rodrigo Lobo para presuntamente engañar a adolescentes y luego someterlos, según lo que consta en el expediente de la causa judicial que se sustancia en su contra, información a la que accedió El Ancasti, revela rasgos de enorme perversión, pero al mismo tiempo pone de manifiesto la necesidad de que se tomen recaudos a los fines de evitar que estos abusos se consumen.
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Concientizar para prevenir
Lobo se encuentra actualmente detenido e imputado por nueve hechos: dos de “grooming y amenazas coactivas en concurso real”; cinco de “abuso sexual gravemente ultrajante y corrupción de menores agravada en concurso ideal”; dos de “abuso sexual con acceso carnal y corrupción de menores agravada en concurso ideal”. Contactaba a sus víctimas, de acuerdo con lo que se conoció hasta el momento de la pesquisa judicial, haciéndose pasar por mujer. Así se ganaba su confianza para intercambiar fotografías. Luego comenzaba la etapa de la extorsión y posteriormente del abuso.
El proceder del supuesto abusador, salvando los componentes especialmente morbosos de este caso, que por lógica prudencia no se publican, es de manual. Esto quiere decir que es similar al que utilizan los abusadores que abordan inicialmente a sus potenciales víctimas a través de un contacto virtual, generalmente por redes sociales o servicios de mensajerías.
Es preciso aclarar que el grooming no implica necesariamente la consumación del abuso. El grooming es la acción deliberada por parte de una persona de acosar a un niño, niña o adolescente con fines sexuales a través de medios electrónicos. Es en sí mismo un delito grave, pero es más grave si el contacto deja de ser virtual y se vuelve físico, lo que añade al acoso el delito de abuso sexual en sus distintas variantes.
Una proporción de los delitos de grooming no llegan al contacto físico. Es clave para que el abuso no se consume la información con la que cuenten los chicos y chicas acosados respecto de cómo actuar en estos casos. Es decir, las conductas que deben asumir, como no establecer contactos con personas desconocidas, sin verificar si se trata de un perfil verdadero o falso. Además, es fundamental que no haya intercambio de fotos o videos, insumos que los delincuentes después utilizan para coaccionar.
La multiplicación de este tipo de formas de acoso hace necesario que se intensifiquen las campañas de concientización dirigidas de un modo especial a niños y adolescentes, explicando con claridad cómo proceden los abusadores y cómo deben actuar. La escuela debe ser el ámbito más importante para dialogar sobre el tema y detectar si hay casos que los chicos no se animan a contar por miedo o vergüenza.
Finalmente, el entorno afectivo también tiene un rol central que asumir. Quienes lo integran deben acercarse a las potenciales víctimas, explicarles y realizar prudentes controles sobre los contactos no deseados que se establecen a través de los dispositivos electrónicos que los chicos utilizan.