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Cara y Cruz

Comedia e hipocresía

30 de junio de 2022 - 01:05

Incapaz de ofrecer las previsibilidades más elementales, el presidente Alberto Fernández intenta disimular su impotencia con puestas en escena que, proyectadas para trasmitir una imagen épica, dramática, terminan desbarrancando en lo cómico. No advierte, o sus libretistas no le hacen advertir, lo conmovedor que es el papel de comediante involuntario, en el que cae con recurrencia acelerada por el frenético ritmo de la crisis económica y política.

Huye hacia el exterior, desde donde supone podrá traficar impronta de estadista, pero su intención se hace añicos ante la crítica situación del país.

Las lecciones sobre gobierno que pretendió impartir en la Cumbre de las Américas, por ejemplo, o las supuestas corajeadas que desplegó ante el premier británico al tratar el tema Malvinas, resultan inverosímiles porque los hechos domésticos exponen un rotundo fracaso de gestión y una incontrastable sumisión a la vicepresidenta Cristina Kirchner. De tal modo, todo deviene en una farsa evidente y cada intento por asomar la cabeza termina enterrándolo más. Ahora está buscando una foto con sindicalistas, gobernadores, intendentes y líderes de organizaciones sociales el 1º de julio, aniversario de la muerte de Perón, como si la imagen fuera a revertir su impotencia.

En este contexto general de ejercicios dramáticos fallidos, se destaca por su singularidad la visita que hizo ayer a la líder de la organización Tupac Amaru, Milagro Sala, condenada a 13 años de prisión en Jujuy por estafa y extorsión.

La dirigente fue internada por una trombosis severa y el Presidente consideró oportuno visitarla en el hospital como una forma de exhibir una “situación oprobiosa que la Corte sigue sin resolver”, en referencia al fallo pendiente por los recursos de revisión de la condena que presentó la defensa.

El de Salas es un caso diferente a los otros. Fernández no puede encajar la economía, ni saldar la reyerta con Cristina, ni posicionarse como líder internacional, pero sí podría intervenir el Poder Judicial de Jujuy, que a su criterio convirtió a la líder de la Tupac Amaru en una “presa política”.

¿Por qué esperar sentencia de la Suprema Corte?

Según las manifestaciones del Presidente, en Jujuy existe una situación gravísima de violación de los derechos humanos, no solo consentida sino perpetrada por la Justicia de esa provincia. ¿Por qué no hace uso de sus atribuciones presidenciales para remediarla? Como hizo en 1991, por caso, Carlos Menem al intervenir el Poder Judicial de Catamarca por el Caso Morales, en el prolegómeno de la intervención a la Provincia.

Ya no es comedia involuntaria, sino hipocresía. Dice respetar a Milagro Sala, pero no se priva de sumarla a sus maniobras de marketing.

La impostura fue demasiado obvia y naufragó. El dirigente social Juan Grabois fue letal en su claridad

”Si Milagro es una presa política y el Presidente acepta eso, tiene que activar los mecanismos para liberarla. Tiene que usar la lapicera para cortar el bacalao y tomar una decisión. Si el Presidente está convencido, que ponga las pelotas arriba de la mesa y se la juegue por algo”, dijo.

“La única solución que hay es el indulto y no es real que el Presidente no pueda hacerlo. Hay que dar una respuesta política a un problema político”, añadió.

Parece que para aplicar el indulto habría problemas jurídicos, pero en lo que no erra Grabois es en consignar que el Presidente tiene a su alcance remedios políticos para revertir la situación de Sala, mucho más eficaces que ir a fotografiarse con ella en el hospital o comentar sus aflicciones para la tribuna.

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