lunes 21 de noviembre de 2022

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Cara y cruz

Cambios de ritmo

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La acumulación de críticas al desempeño del Poder Judicial impide valorar pequeños hechos que muestran el embrión de cambios positivos. Podrán parecer a primera vista insignificantes, apenas gotas en el mar de ineptitudes, defecciones y corruptelas, pero deben ser destacados para que la sociedad no pierda definitivamente las esperanzas y deje de generalizar la pobre imagen que tiene de la Justicia a todos sus integrantes.

Ahí está, como ejemplo de superación de la característica y quelónica molicie judicial, la condena de 30 días de prisión domiciliaria efectiva aplicada al “youtuber” Eduardo Miguel Prestofelippo, conocido como “El Presto”, por hostigar y discriminar a la primera dama Fabiola Yáñez a través de sus redes sociales.

Este atrevido de “El Presto” no parecía estar muy incómodo con el protagonismo ganado con la acusación de la sensible Fabiola y aprovechó la audiencia para desplegar su exaltado histrionismo. Pero sería injusto detenerse en tan epidérmico detalle en lugar de resaltar la velocidad con que se desarrolló y llegó a la condena el expediente, ciertamente extraordinaria si se la compara con el inmenso resto de los procesos.

La Yañez denunció a Prestofelippo a fines de 2020, luego de una serie de manifestaciones del sujeto sobre las fiestas que se hacían en la Residencia de Olivos mientras su pareja, el presidente Alberto Fernández, mantenía rigurosamente confinada a la población argentina por la peste de coronavirus.

Por supuesto, las manifestaciones de Prestofilippo fueron propias de un energúmeno, pero es notable cómo en poco más de un año ya le cayó la condena implacable.

Ya quisieran los cuatro de copas contar con un servicio de justicia tan eficiente como el de la compañera del Jefe de Estado, dirán los malintencionados de siempre, pero por lo pronto es necesario destacar la tarea del Juzgado Penal y Contravencional 11 y la fiscal Daniela Dupuy, que no solo le impusieron al deslenguado el arresto domiciliario de 30 días, sino que también una orden de distanciamiento de 200 metros respecto de la hostigada y la obligación de realizar un curso en el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI). La condena confirmó que realizó hostigamiento digital, discriminación y violencia mediática y laboral contra la primera dama con diferentes posteos en las redes sociales en los que se refirió a ella como "michifus", "parásito" y la asoció con una "prostitución vip", invocando su pasado como actriz.

Un indicio similar de reversión de las prolongadas moras judiciales dio en Catamarca el fiscal Hugo Costilla, quien imputó y citó a indagatoria al empresario Cristian Guillou por “usurpación”, en plena feria judicial y apenas tres días después de que el célebre “trader” Edgar Adhemar Bacchiani lo denunció por haberse metido en el boliche Wika.

La conducta de Costilla configura una novedad de peso en el ecosistema judicial provinciano, donde las causas por usurpación suelen extenderse años sin que a ningún funcionario de tan alto poder se le mueva un pelo.

La celeridad del fiscal no dejó de llamar la atención de sus colegas y de las avezadas aves negras locales, que de inmediato se pusieron a conjeturar sobre los móviles. Ya se sabe cómo es este asunto: la gente proyecta y a ninguno se le ocurrió pensar que tal vez Costilla haya incluido la misión de terminar con las moras entre sus propósitos para el año nuevo.

Suerte la de Bacchiani que su denuncia coincidiera con la noble causa que abraza Costilla, a quien a partir de ahora se le demandarán apuros análogos en los procesos que le toquen en suerte.

Como la vertiginosa imputación a Guillou fue anterior a la condena a “El Presto”, corresponde también reconocerle al fiscal Costilla su condición de pionero en esto de cambiarle el ritmo a los expedientes. Un verdadero orgullo para Catamarca.

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