Mientras en Argentina, y también en Catamarca en particular, algunos dirigentes políticos se declaran públicamente a favor de la libre portación de armas, se conocieron estadísticas que dan cuenta del impacto tremendo que tal disposición ocasiona en aquellos lugares donde se verifica en la práctica. En efecto, los datos recogidos en Estados Unidos, un país en el que rige esta medida en varios estados y en el que la propia Constitución consagra el derecho a la posesión de armas, estremecen. Conocerlos tiene una utilidad: permite cuantificar el daño real que implica que el Estado resigne competencia en la regulación de la venta, portación y uso de armas de fuego.
Un estudio realizado por la ONG Kaiser Family Fundation reveló que el 19 por ciento de los ciudadanos de Estados Unidos tiene algún familiar que murió por un arma de fuego, incluidos los suicidios. Gravitación especial tienen las masacres perpetradas en lugares públicos. De hecho, las escalofriantes cifras fueron dadas a conocer días después de que un hombre matara a cinco personas e hiriera a ocho en un banco de Louisville (Kentucky).
Hay más estadísticas, y son elocuentes. Según el informe, el 21 por ciento de los encuestados dijo haber sido amenazado alguna vez con un arma; el 17 por ciento presenció cómo le disparaban a alguien; el 4 por ciento confesó haber utilizado un arma en defensa propia y otro 4 por ciento resultó herido en algún tiroteo. En general, más de la mitad de los estadounidenses tuvo alguna de estas experiencias con un arma de fuego.
Los números muestran que más de 50 personas son asesinadas cada día por un arma de fuego en Estados Unidos, país en el que circulaban en 2018, según datos de Small Arms Survey, un proyecto de investigación con sede en Suiza, 390 millones de armas de fuego. Como esa nación tiene poco más de 330 millones de habitantes, se infiere que hay más armas que personas. Un verdadero caldo de cultivo de la violencia más feroz.
Otro estudio, realizado por el Centro de Investigaciones Pew, con sede en el país norteamericano, consigna que el número de niños y adolescentes muertos por disparos de armas de fuego en Estados Unidos aumentó casi 50% entre 2019 y 2021. En 2019 hubo 1.732 muertes por arma de fuego entre estadounidenses menores de 18 años, mientras que dos años después, en plena pandemia, la cifra llegó a 2.590.
La violencia continuó creciendo. En 2022 se produjo una cifra récord de cantidad de tiroteos en escuelas: 46, con más de un centenar de fallecidos.
En Argentina se han pronunciado por la libre portación de armas, entre otros, Javier Milei, y sus referentes en Tucumán, Ricardo Bussi, y en Catamarca, Javier Galán. Por suerte, se trata de propuestas que tienen consenso minoritario. De todos modos, si la iniciativa lograra, por alguna razón impensada, tener mayor predicamento entre los argentinos en general, o los catamarqueños en particular, debería contrastarse esa intención con las estadísticas mortales que se generan en aquellos lugares donde se plasma en la práctica.