martes 17 de mayo de 2022

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Editorial

Cadena con equidad

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15 de marzo de 2022 - 02:10

La inflación sigue siendo uno de los grandes problemas de la Argentina. Pasan los gobiernos y el problema sigue sin resolución: no importa si el abordaje se haga desde la perspectiva liberal o desde una keynesiana, con una más intensa regulación estatal, el incremento sostenido de los precios sigue firme en el país.

En este contexto preocupante, la escalada del precio de los alimentos es un fenómeno muy notable, y en torno a ella se debaten las causas, que en algunos casos provienen de factores externos, y en otros de causas vinculadas a los protagonistas de la cadena de comercialización que arranca en el productor y finaliza en la góndola.

El año pasado, durante cinco meses consecutivos, la brecha de precios que hay en los productos desde una punta a otra de la cadena se fue ensanchando, tendencia que empezó a modificarse en septiembre y continuó a la baja en febrero, según la medición mensual que elabora la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME).

La monopolización es un fenómeno que está muy presente en la cadena de comercialización. Tanto en el eslabón de la producción, como en el de la intermediación o en el de la venta (mayorista y minorista), hay actores monopólicos que ejercen posiciones dominantes, lo cual contribuye a generar distorsiones en el mercado.

El ensanchamiento de la brecha es cuestionada frecuentemente por los productores, que se quejan de recibir escasa compensación económica, mientras el resto de los eslabones tienen rentabilidades superiores. Por el contrario, el cambio en la tendencia ahora ha tenido como efecto inmediato un margen de ganancia más grande para el productor.

Según el Índice de precios en Origen y Destino de la CAME, en los principales productos agropecuarios que componen la mesa familiar, los consumidores pagaron en promedio 3,04 veces más de lo que cobraron los productores por los principales productos agropecuarios que componen la mesa familiar, por lo que la brecha se redujo 12% en febrero respecto del mes anterior. La mejora se dio porque los precios que se le pagaron al productor subieron más (un 34,3%) que los precios que pagaron los consumidores (13,4%). La participación promedio del productor en el precio final de los 24 productos que relva la CAME subió de 31,8% en enero a 32,3% en febrero.

El aumento del margen de ganancia de los productores es una buena noticia, pues son los que más arriesgan al invertir en el inicio del proceso sin un horizonte certero de rentabilidad. Pero es preciso un análisis pormenorizado de toda la cadena de comercialización para encontrar las claves de su funcionamiento. Conocerlas permitirá no solamente saber con más precisión las causas internas de por qué suben los precios de los alimentos, sino también lograr mayor equidad en todo el proceso, otorgando a cada eslabón ganancias razonables.

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