Además de las precariedades de Javier Milei, la manifestación en defensa de la universidad pública desnudó...
Además de las precariedades de Javier Milei, la manifestación en defensa de la universidad pública desnudó las dificultades que tiene el sistema político para procesar el trauma de la victoria libertaria, articular alternativas consistentes para neutralizar las arbitrariedades del combo motosierra-licuadora y equilibrar el balance del poder.
El experimento libertario es producto de un colapso de legitimidad. Emergió de las ruinas de un sistema minado por el descrédito de sus componentes, sobre quienes Milei consiguió concentrar la inquina social y canalizarla electoralmente al agruparlos en el colectivo “la casta”.
La marcha en defensa de la integridad del presupuesto universitario le reveló la insuficiencia de esta caracterización para estabilizar la gestión.
La conexión emocional de la sociedad argentina con la universidad y la educación públicas es muy fuerte. Tienen desde siempre un alto valor simbólico como factores de equidad y dispositivos de ascenso social. Se trata quizás de las únicas instituciones que retuvieron prestigio en el proceso de execración generalizada a la política tradicional y sus satélites que consagró a Milei el año pasado.
Ese sentimiento transversal explica el volumen, la extensión territorial y la heterogeneidad de la manifestación, elementos que marcan su singularidad respecto de las convocadas por la CGT, las organizaciones de derechos humanos y el feminismo.
Que las usinas libertarias fracasaran en hacer prender la idea de que tuvo móviles facciosos la instalan como un hito en los cinco meses que lleva en ejercicio la administración Milei. Es la única que hizo recular al Presidente.
La marea humana, pacífica, derrotó al promocionado protocolo antipiquetes de Patricia Bullrich, pero los libertarios perdieron además en las redes sociales, su campo de batalla dilecto.
El intransigente e iracundo Milei tuvo que resignarse a admitir la “nobleza” de la causa universitaria. En el mismo escrito enfocó a los dirigentes políticos que se plegaron a ella buscando recuperar algo de la legitimidad perdida, pero resulta obvio que es lo único que podía hacer para morigerar los daños autoinfligidos. A diferencia de la actitud que tomó en otros enfrentamientos épicos, esta vez se abstuvo de redoblar la apuesta.
En la contraparte, ninguno de sus antagonistas pudo capitalizar la manifestación.
El kirchnerismo intentó hacer una sesión en la Cámara de Diputados para tratar un aumento del Presupuesto universitario, pero el resto de las tribus opositoras le negó el quórum.
Lógico: ¿por qué habrían de regalarle el liderazgo de bandera tan movilizadora?
Sin relevo
La marcha fue una victoria de la educación pública, pero afianzó la incertidumbre general.
Las dudas sobre la sustentabilidad del programa libertario restringen el apoyo internacional a la retórica. Aunque festejen el resultado financiero del brutal y meteórico ajuste, los mercados no sueltan un dólar para financiar la Argentina en ebullición.
El “shock de confianza” que le permitiría a Milei reunir 45 mil millones de dólares provenientes de fondos de riesgo en el inicio de su mandato y proceder a la dolarización se demora. El mensaje del FMI desde hace meses es unívoco: el Gobierno debe acomodar el frente político y construir consenso en torno a su proyecto.
La defectuosa administración de la polémica universitaria profundizó la desconfianza en este aspecto, pero agregó la verificación de que no hay relevo en condiciones de comandar la construcción del consenso requerido en caso de que Milei fracase.
Lo que se ve es una pléyade de voluntades aisladas que maniobran para posicionarse en el campo opositor, pero ninguna capaz de establecer todavía un rumbo alternativo o reunir el respaldo institucional indispensable para sostener el asumido, sea congeniando con otros sectores o imponiendo sus criterios.
Además de razones para las reservas de los inversores, la encerrona que configuran estas indigencias concurrentes ofrece motivos para los niveles de consideración pública que, pese a todo, el Presidente mantiene. No surge hasta el momento ninguna figura que justifique un cambio de preferencias. No asoma un posmileísmo medianamente verosímil.
Milei fue el salto al vacío de la frustración y la rabia ¿Hacia dónde saltar ahora?
La mecha de la paciencia social se acorta, sin embargo.
La muchedumbre que se expresó en defensa de la universidad pública es indicio de que la hiperfragmentación y el desconcierto de los opositores no se mantendrán indefinidamente.
Entra Alberto Olmedo
Mientras la degradación social y económica avanza en alas de la recesión, Milei se aferra a las alquimias contables de Luis “Toto” Caputo que le permiten vanagloriarse del superávit financiero y apela, con rigor místico cada vez más acentuado, a la fe.
Lo hizo en el mensaje por cadena nacional previo a la manifestación universitaria, pero con particular énfasis en el discurso que dio días antes en el Foro Llao Llao para el círculo rojo empresario.
Fue interesante el episodio bíblico que eligió el Presidente para finalizarlo.
Cuando los hebreos escapados de Egipto llegaron a las orillas del Mar Rojo, con los egipcios pisándoles los talones, “Moisés golpea el báculo y le dice: ‘abrilo’”, empezó a relatar.
Siguió: “Y (Dios) le dice ‘que se manden’. ‘No, no, que lo abra y entramos’ (pedían los judíos). Y les dice: ‘no, tienen que tener fe, tienen que mandarse, tienen que entrar y cruzar’. Y el agua no se abría y del otro lado estaban los egipcios, o sea la esclavitud, que se los venían a llevar puestos. Y ahí, cuando el príncipe heredero (Moisés) se lanza, y cree, y confía, se abren las aguas y se da la liberación final”.
“¿Qué quiere decir eso? Muchachos, en algún momento van a tener que poner las pelotas, van a tener que invertir, se van a tener que jugar para que se abran las aguas y seamos libres”, concluyó.
Alberto Olmedo ingresa en la narrativa libertaria. Cuando al célebre Manosanta no le salían las cosas, también se justificaba: “Y… si no me tienen fe”.