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Editorial

Beneficios y riesgos de la Inteligencia Artificial

17 de julio de 2026 - 01:18

El Informe Preliminar del Panel Científico Internacional Independiente sobre Inteligencia Artificial (IA), elaborado por un comité de cuarenta expertos convocado por la Asamblea General de las Naciones Unidas, aspira a ser una hoja de ruta objetiva para que los Estados puedan orientar sus decisiones frente a una transformación tecnológica que avanza aceleradamente.

La conclusión central del informe es que la inteligencia artificial se desarrolla a una velocidad que excede la capacidad de la ciencia para comprender sus efectos y la de los gobiernos para regularla. Esto significa que las sociedades están incorporando, a escala masiva, sistemas cuyas consecuencias últimas todavía no logran dimensionarse acabadamente, y que los marcos normativos, cuando existen, llegan tarde.

Como ocurre con toda tecnología, la inteligencia artificial no es buena ni mala en sí misma; su valor depende del uso que las personas, las empresas y los Estados decidan darle. Y en ese sentido, el informe es elocuente respecto de los beneficios ya tangibles que la IA produce. En el campo de la salud, acelera el descubrimiento de fármacos y vacunas y mejora la detección temprana de enfermedades, con un impacto potencial enorme sobre sistemas sanitarios crónicamente saturados. En seguridad alimentaria y agricultura, los modelos predictivos y los sistemas de alerta temprana permiten anticipar crisis alimentarias y optimizar la productividad de los cultivos, una dimensión especialmente relevante para regiones agroexportadoras como la Argentina. Y en educación, la personalización del aprendizaje mediante herramientas basadas en IA abre una vía concreta de inclusión digital para poblaciones históricamente rezagadas.

La inteligencia artificial no es buena ni mala en sí misma; su valor depende del uso que las personas, las empresas y los Estados decidan darle. La inteligencia artificial no es buena ni mala en sí misma; su valor depende del uso que las personas, las empresas y los Estados decidan darle.

Pero el mismo informe es igual de explícito respecto de los riesgos. El primero es de naturaleza técnica: la creciente dificultad para auditar y medir los procesos de decisión autónoma de sistemas cada vez más complejos, lo que afecta la posibilidad misma de control humano efectivo. El segundo remite al mal uso deliberado: automatización de ciberataques, desinformación a escala industrial, fraudes financieros sofisticados y, en el escenario más inquietante, el diseño de amenazas biotécnicas. El tercero es social y ya está entre nosotros, como por ejemplo los efectos nocivos sobre la salud mental de los usuarios, precarización de los mercados laborales, y una brecha digital que, lejos de cerrarse, se ensancha.

El trabajo señala, además, que el desarrollo y la riqueza que genera la inteligencia artificial están fuertemente concentrados en un puñado de corporaciones y de países del Norte Global. Esa concentración excluye las necesidades específicas del Sur Global de la agenda tecnológica dominante y, al mismo tiempo, facilita que regímenes autoritarios o monopolios privados socaven la rendición de cuentas democrática y la autonomía tecnológica de los países que no participan del núcleo de innovación.

El informe de la ONU se pronuncia a favor de construir gobernanza global a la misma velocidad que la innovación, antes de que la ventana de oportunidad para hacerlo se cierre. Minimizar los riesgos descriptos y potenciar los beneficios reales de la tecnología forman parte de una política pública responsable.

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