jueves 2 de abril de 2026
Editorial

Basura keynesiana

Las consultoras económicas estiman que durante abril la inflación fue de un dígito, algo que no ocurría desde el mes de octubre...

Las consultoras económicas estiman que durante abril la inflación fue de un dígito, algo que no ocurría desde el mes de octubre. Desde el pico del 25% de diciembre viene disminuyendo mes a mes y ése es un dato positivo, pero explicable en un contexto de profunda caída de la economía y consecuentemente del consumo. Si pocos compran, los precios caen.

Previsiblemente, el gobierno nacional festeja el dato. De todos modos, es menester señalar que la baja de la inflación es una condición necesaria pero no suficiente para que la grave crisis económica empiece a disiparse. Durante los primeros meses del gobierno de Javier Milei, más de tres millones de personas cayeron en la pobreza y también se perdieron decenas de miles de puestos de trabajo. Con los precios subiendo menos que hace unos meses, pero sin recuperación de la economía, lo mejor que puede ocurrir es una tendencia a la estabilización de la pobreza y la indigencia en niveles altísimos, incluso probablemente más altos que los que existían durante la crisis de 2001-2002.

Para que se produzca un impacto virtuoso en la economía real de los sectores medios y bajos perjudicados por el ajuste fiscal "más grande la historia", como el propio Milei denomina a su política de recorte del gasto público, se requiere de una reactivación económica que, espera el gobierno, venga de la mano de la inversión privada. La inversión estatal, según la mirada ulltraortodoxa de la gestión libertaria, debe ser mínima y muy focalizada. Los mensajes tanto del propio Presidente como del Ministro Luis Caputo hacia los empresarios en las últimas semanas han sido congruentes con esta necesidad. Hasta ahora la inversión viene cayendo al mismo ritmo que la economía. La consultora Orlando Ferreres y Asociados registró en marzo un derrumbe de la inversión bruta interna de más del 22%, en lo que constituye el cuarto mes consecutivo de caída.

La posición oficial es que el gobierno está haciendo el ajuste fiscal que debía ejecutar para ordenar la macroeconomía y que ya está siendo hora de que el sector privado, particularmente los grandes empresarios, hagan su parte. Es decir, invertir. La respuesta empresaria es lógica y previsible: para qué invertir si no hay demanda. Esto es, no hay rentabilidad empresaria si el consumo está por el piso. No solamente no hay inversión, sino que se suman las empresas, sobre todo pymes, que están bajando sus persianas o a punto de hacerlo. Solamente pueden resultar atractivos para la inversión privada proyectos vinculados a la actividad minera u orientada a la producción para la exportación. El mercado interno languidece.

En esta coyuntura se encuentra la economía argentina. Las recetas ultraortodoxas resultan insuficientes para poner en marcha la economía y mucho menos para que los beneficios de una eventual reactivación derramen en los sectores que hoy sufren el ajuste fiscal. Quizás la salida sea un impulso proveniente de la inversión pública, pero para el presidente eso sería “basura keynesiana”.

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