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Editorial

Avances insuficientes y muy graduales

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6 de junio de 2022 - 01:00

Hace medio siglo no había la conciencia hoy existe respecto de los efectos devastadores que puede ocasionar, y ya está ocasionando, el cambio climático en la vida del planeta. Pero el modelo de producción global de entonces ya permitía predecir una tendencia peligrosa y agresiva con la naturaleza. Y esa visión prospectiva condujo a la realización, hace exactamente 50 años, de lo que se considera un hito en el desarrollo de la conciencia ambiental en el mundo, la primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano de 1972.

La ciencia ha logrado cuantificar con precisión el impacto del calentamiento global, tanto en la actualidad como en el futuro si no se adoptan medidas drásticas orientadas, fundamentalmente, a la reducción de gases que producen el efecto invernadero. Y la comprensión de la gravedad se manifiesta en cada evento mundial, en cada cumbre, en la que debate esta situación. Lo que está faltando, señalan los expertos, es la adopción de medidas políticas de fondo que reviertan la tendencia. Como se dice habitualmente, pasar de los dichos a los hechos. Los avances son insuficientes y muy graduales.

La dificultad de este pase a la acción reside en los intereses que afecta reconvertir el modelo de desarrollo, transformar los modos de producción hacia sistemas menos agresivos con el medio ambiente y más amigables con la naturaleza. Pero esos intereses sectoriales, aunque poderosos, no pueden prevalecer sobre los generales. Además, sin reconversión no hay futuro en el planeta, ni siquiera para los sectores que hoy se benefician con el modelo de producción.

En la Conferencia de Estocolmo que conmemoró el 50 aniversario de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano de 1972, finalizada el viernes pasado, se llamó a “una transformación ambiental y económica urgente”, y a “un compromiso real para abordar con urgencia las preocupaciones ambientales globales y una transición justa hacia economías sostenibles que funcionen para todas las personas”.

Pero lo más novedoso del evento fue su lema, “una sola salud” que plantea que no hay una salud humana, animal y ambiental separadas, sino que todas conforman un sistema en interacción. Esta alusión se vincula con la rápida propagación de enfermedades de origen animal que pueden iniciar, según los científicos, una “nueva era de la especie humana”. La aparición del COVID-19 y la llamada viruela del mono son ejemplos de esta interacción nociva entre especies. Si en otras épocas el temor del ser humano era la amenaza de los grandes animales, en la actualidad lo son los virus, pequeños organismos capaces de originar millones de muertes en poco tiempo.

A las catástrofes climáticas actuales y futuras se le suma el peligro de las enfermedades de origen animal de desarrollo difícil de prever. Cada vez hay más razones para pasar de los discursos en los eventos y cumbres mundiales a la adopción de políticas firmes, orientadas a la reconversión de un modelo de producción que, además de globalmente injusto, es de una agresividad inusitada hacia el planeta.

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