En lo que para algunos fue una medida audaz que podrá finalmente abatir a la inflación y frenar la especulación del mercado financiero respecto de la suba del dólar blue, y para otros un manotazo de ahogado en un contexto económico muy complicado, el presidente Javier Milei y el ministro Luis Caputo anunciaron que a partir de hoy lunes se inicia una política de “emisión cero” y de profundización en la intervención del Banco Central en el mercado de los dólares financieros.
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Anuncios que entrañan riesgos para la economía real
Algún incauto que no sigue el día a día de las finanzas nacionales probablemente se sorprenda con el anuncio de “la emisión cero”. ¿Acaso no era lo que había prometido en campaña, que se iba a dejar de emitir? ¿Y que incluso iba a liquidar el Banco Central, que es la entidad que emite? Lo que verdaderamente ocurrió en los primeros seis meses del año es que el Banco Central emitió más pesos que en el mismo período del año pasado. Los datos fueron difundidos por un economista neoliberal, Roberto Cachanosky y nunca desmentidos por el gobierno. Según el informe del analista, en lo que va del gobierno libertario la base monetaria creció un 5% en términos reales.
La intervención en el mercado de los dólares financieros en incongruente con los postulados libertarios de prescindencia casi absoluto del Estado en el funcionamiento de la economía. Pero además es riesgoso porque desafía las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional que, como se sabe, son mucho más que consejos de buena voluntad. Deberá recordarse que la salida de Caputo durante el gobierno de Macri obedeció a una decisión del entonces presidente del Banco Central de utilizar reservas para intervenir en el mercado de cambios.
Por otro lado, la convicción de que la emisión cero bajará rápidamente la inflación no es compartida por todos los analistas económicos. Muchos califican como inconsistente la creencia de que el aumento sostenido de los precios de los productos y servicios es solo un fenómeno monetario. En ese sentido hay que recordar que durante 2019, último año del gobierno de Mauricio Macri, la emisión fue la más baja del siglo, y sin embargo la inflación anual fue del 54%, en ese momento la más alta desde 1991.
El combo de anuncios es arriesgado y entraña peligros reales de impactos muy negativos en la economía real. El propósito de aniquilar la inflación y aplacar la suba del dólar paralelo frenando toda emisión traerá aparejado en el corto y mediano plazo una continuidad de la recesión, cuando no su profundización. Descartada la salida de la recesión en forma de “V” (crecimiento de la actividad económica al mismo ritmo con la que cayó), el escenario optimista era una salida en forma de “U” (con crecimiento un poco más demorado). Con la apuesta a planchar la economía el vaticinio adquiere la forma de una “L”, con estancamiento de la economía por un período más largo.
El escenario que Milei preveía para esta época –comienzos del segundo semestre- era muy distinto al existente. Como ocurrió con el gobierno de Cambiemos, la lluvia de inversiones esperadas no llegó y los dólares con los que esperaba contar para salir del cepo cambiario y reactivar la economía o llevar adelante su proyecto de dolarizar la economía argentina, no están. Por eso apela a medidas extremas de consecuencias aun no dimensionadas cabalmente.
Habrá que aguardar cómo reaccionan los mercados financieros al conjunto de medidas. Si el experimento sale bien, según lo esperado por el gobierno, la inflación cederá y también la presión sobre el dólar blue, aun a costa de una postergación indefinida de la reactivación económica que esperan empresarios, emprendedores, trabajadores y un número cada vez mayor de desempleados. Si no sale bien, la crisis se profundizará y exigirá de un nuevo plan, sustentado ya no solamente en las convicciones económicas de una o dos personas, sino en un consenso político mucho más amplio.