Por Giuliano Bravo
Hay un famoso refrán que dice: "Para saber adónde vamos, debemos saber de dónde venimos". Ese es el espíritu que todo catamarqueño debe comprender para dimensionar la importancia de la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho.
Después de una exitosa 55ª edición, con miles de personas colmando el Patio y el Escenario Mayor, la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho volvió a confirmar su lugar como el mayor evento cultural de Catamarca. Pero detrás de su presente multitudinario hay una historia que comenzó en 1967 y cambió para siempre la identidad de la provincia.
Hay un famoso refrán que dice: "Para saber adónde vamos, debemos saber de dónde venimos". Ese es el espíritu que todo catamarqueño debe comprender para dimensionar la importancia de la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho.
La historia nos remonta a 1954, cuando en Catamarca se realizaba el Festival del Tejido Catamarqueño, un encuentro que tenía como objetivo homenajear a las tejedoras de la provincia que preservaban técnicas ancestrales en la confección de ponchos y tejidos elaborados con lana de oveja, llama y vicuña. Desde sus inicios, la idea fue clara: reconocer el trabajo artesanal como una de las expresiones más genuinas de la identidad cultural catamarqueña.
Once años más tarde, en 1965, el Club de Leones impulsó, a través de un documento, la creación de la Fiesta del Tejido Regional con carácter permanente. Sin embargo, la iniciativa no prosperó.
Un año después, el entonces gobernador Armando Navarro volvió a intentar concretar un evento de estas características, aunque el proyecto tampoco llegó a materializarse.
El punto de inflexión llegó en 1967. El entonces director de Turismo, Federico Raúl Argerich, junto a un grupo de colaboradores —considerados piezas fundamentales en la gestación de la fiesta— compartía una idea que terminaría marcando el rumbo del evento: "Debemos mostrar lo que el pueblo sabe y lo que el pueblo hace".
En ese contexto, y en pleno auge del Festival Nacional de Folklore enCosquín, surgió la propuesta de crear una celebración similar, pero con un sello propio: poner en primer plano el trabajo de los artesanos y las teleras catamarqueñas mediante una gran exposición que convirtiera a la cultura local y al trabajo de las manos de la provincia en el verdadero eje de la fiesta.
Así, mediante el Decreto N.º 645 del Poder Ejecutivo Provincial, quedó instituida oficialmente la Fiesta Nacional del Poncho, bajo la firma del entonces gobernador Guillermo Ramón Brizuela.
La primera edición se desarrolló entre el 5 y el 16 de julio de 1967 en la emblemática Manzana de Turismo, un predio construido especialmente para albergar el evento. El espacio contaba con dos grandes naves destinadas a los expositores, sectores para la exhibición de artesanías y tejidos, y un escenario para el festival artístico.
La ceremonia inaugural quedó marcada por un momento histórico: el Himno Nacional Argentino fue interpretado por 50 guitarras, mientras los expositores presentaban por primera vez sus trabajos ante el público. Durante el acto de apertura, el reconocido historiador Armando Raúl Bazán expresó una frase que quedó para la historia: "Aquí están presentes los trabajos y los días del pueblo catamarqueño. Que su valoración nos sirva de estímulo para seguir bregando por un Estado más próspero para nosotros y nuestros hijos."
La primera noche de la Fiesta Nacional del Poncho estuvo dedicada al departamento Belén, reconocido como la Cuna del Poncho, en homenaje a nuestra prenda de bandera. El escenario reunió a destacadas figuras de la música local y nacional, muchas de ellas en el punto más alto de sus carreras. Entre los artistas que participaron de aquella histórica edición se encontraban Los Chalchaleros, Jaime Dávalos, Margarita Palacios, Manuel Acosta Villafañe, AtutoMercau Soria, Polo Giménez y Selva Gigena, entre otros.
La primera imagen promocional de la Fiesta Nacional del Poncho fue creada por el reconocido artista Kike Sánchez Vera, quien también participó del concurso destinado a elegir la canción oficial del evento. Junto al destacado músico René Vargas Vera, obtuvo el primer premio con "Zamba para mi Poncho", una obra que, con el paso de los años, se convirtió en uno de los símbolos musicales de la fiesta, al reflejar la identidad, las tradiciones y el profundo sentido de pertenencia del pueblo catamarqueño hacia su prenda más emblemática.
Durante aquella primera edición también fue elegida la primera Reina Nacional del Poncho. La distinción recayó en María Esther Mercado, representante de San Isidro, departamento Valle Viejo. Como parte de la premiación, el entonces gobernador Guillermo Ramón Brizuela le entregó una lira de oro y platino, además de dos finos ponchos.
Uno de los episodios menos conocidos de aquella histórica edición tuvo como protagonista a Mirtha Legrand. Con la intención de darle proyección nacional al naciente evento, el director de Turismo, Federico Raúl Argerich, impulsó la realización del primer Festival de Cine de Catamarca, un encuentro desarrollado en el Cine Teatro Catamarca que aprovechó el gran momento que atravesaba la industria cinematográfica argentina.
Para jerarquizar la propuesta, Argerich invitó a la actriz más importante del país por entonces: Mirtha Legrand. Su llegada provocó una verdadera revolución en la provincia y despertó un enorme interés entre los catamarqueños.
Durante una conferencia de prensa realizada en el Hotel Ancasti, la conductora expresó una frase que quedó grabada en la memoria: "Me siento una catamarqueña más." Conmovido por aquellas palabras, Federico Raúl Argerich decidió declararla "Madrina de la Fiesta Nacional del Poncho", un reconocimiento simbólico que perduró en la historia del evento.
Pero la visita de la diva dejó otra anécdota inolvidable. Raúl Argerich, hijo del entonces director de Turismo, recuerda que su padre se animó a invitar a Mirtha Legrand a bailar un tango en el salón principal del Hotel Ancasti. La escena quedó inmortalizada en la memoria de quienes fueron testigos de aquel momento, que combinó la elegancia de la artista con la hospitalidad característica de los catamarqueños.
En aquellos años, la difusión de un evento representaba un desafío muy distinto al de la actualidad. No existían las redes sociales, el streaming ni las plataformas digitales, y acceder a un espacio publicitario en la radio o en los diarios impresos estaba al alcance de muy pocos.
Con la intención de que la Fiesta Nacional del Poncho trascendiera las fronteras de Catamarca y lograra instalarse en el país, el entonces director de Turismo, Federico Raúl Argerich, ideó una estrategia tan simple como efectiva: contactar al prestigioso relator deportivo Joaquín Carballo Serantes, más conocido por su nombre artístico, Fioravanti.La apuesta dio resultado.
Raúl Argerich, hijo del impulsor de la fiesta, recuerda una anécdota que su padre solía contar:
"La mejor publicidad que hice fue con Fioravanti. En plena transmisión radial de un superclásico entre Boca y River difundió la Fiesta del Poncho y el impacto fue impresionante. Se colmó la capacidad hotelera, a tal punto que muchos catamarqueños tuvieron que abrir las puertas de sus casas para alojar a los turistas."
Aquella mención radial, realizada durante uno de los eventos deportivos de mayor audiencia del país, se convirtió en una de las acciones promocionales más exitosas de los primeros años de la Fiesta del Poncho.
Como toda gran celebración popular, la Fiesta Nacional del Poncho fue creciendo con el paso de los años. Sin embargo, ese crecimiento también estuvo acompañado por momentos difíciles, marcados por crisis económicas, cambios políticos y distintas contingencias que obligaron a reinventar el evento en más de una oportunidad.
En 1977 se realizó la primera edición de El Ponchito, el espacio destinado a las infancias, bajo la conducción del reconocido locutor José "Pepe" Yunes.
En 1984, el escenario mayor se trasladó al recientemente inaugurado Polideportivo Capital, donde, por primera vez, se presentaron referentes del rock nacional como Juan Carlos Baglietto y Raúl Porchetto. Dos años más tarde, la fiesta regresó a su histórica sede de la Manzana de Turismo, para luego volver nuevamente al predio deportivo.
En 1996 se incorporó la Carpa de Cultura, un espacio especialmente destinado a las expresiones culturales de toda la provincia.
Durante la década del 2000 ocurrió uno de los momentos más emotivos en la historia del festival. En plena actuación falleció Jorge "El Negro" Herrera, integrante del grupo Los de Catamarca. Desde entonces, el escenario mayor lleva su nombre como homenaje a su trayectoria y legado artístico.
Ese mismo período también marcó otro hito fundamental: en el marco de su 30.ª edición, el evento fue declarado oficialmente Fiesta Nacional e Internacional del Poncho, consolidando su prestigio dentro del calendario cultural argentino.
Finalmente, en 2007, la fiesta inauguró su sede definitiva en el Predio Ferial Catamarca, una obra de gran magnitud concebida especialmente para albergar el crecimiento del evento y que continúa siendo, hasta la actualidad, su casa permanente.
A lo largo de su historia, la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho también atravesó circunstancias extraordinarias que condicionaron su realización.
Entre 1974 y 1976, el evento no pudo llevarse a cabo debido al complejo contexto político e institucional que atravesaba el país.
En 1982, la fiesta tampoco se realizó como consecuencia de la Guerra de Malvinas.
En 1991, en pleno período de Intervención Federal en Catamarca, la organización contó con financiamiento del Gobierno nacional para garantizar la realización del evento.
La crisis económica de 2001 también obligó a modificar el formato tradicional. Ese año se organizó una edición austera, con la implementación de los Patios Criollos como principal atractivo. A pesar de las dificultades, la apertura estuvo a cargo de Walter Olmos, mientras que el cierre contó con la actuación de El Chaqueño Palavecino.
Otro momento complejo se vivió en 2009, cuando el brote de Gripe A provocó una baja convocatoria de público. Las ventas fueron muy inferiores a las esperadas y la organización debió reintegrar el importe de los stands a numerosos expositores.
Finalmente, en 2021, como consecuencia de la pandemia de COVID-19, la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho se desarrolló de manera completamente virtual, adaptándose a un contexto inédito sin perder el vínculo con el público.
La Fiesta del Poncho no nació por casualidad. Fue el resultado del sueño, el trabajo y la convicción de personas que entendieron que la identidas de un pueblo también se construye desde la cultura. Por eso el éxito hoy está a las claras. Conocer esta historia es la mejor manera de valorar lo que hoy tenemos, porque "para saber a donde vamos, debemos saber de donde venimos".