Primero cayó tu ingreso. Tu salario ya no alcanzaba para pagar tu vida, pero te decían que tenías que esforzarte más, que lo bueno iba a llegar y te pedían que seas fuerte para el sacrificio que viene.
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A vos, que toda la vida te esforzaste
Por Juan José Sánchez (*)
Después te gastaste tus ahorros: le compraste un horno eléctrico para el emprendimiento de pastelería que abrió tu esposa. Pero después tuviste que gastar ahorros para comprar medicamentos y comida. Y te decían que estábamos en el último tramo de un esfuerzo heroico.
Y entonces saliste a pedir prestado, porque te decían que lo peor ya había pasado, que había que esperar al segundo semestre, que ya llegaban las lluvias de inversiones, que estábamos mal, pero íbamos bien, que nos iba a salir dólares por las orejas.
Ahí fue cuando se derrumbó tu consumo, y te dijeron que tenías que acostumbrarte a no vivir por encima de tus posibilidades, que los "K" te hicieron creer a vos, empleado medio, que podías comprarte un celular nuevo, y una moto. Te hicieron creer a vos, pobre de clase media, que podías comprarte un aire acondicionado, un smart TV y un lavarropas automático. Te hicieron creer que podías viajar al exterior de vacaciones...
Te decían que hoy te va mal, pero mañana te iba a ir bien...
Como el cartel del almacén: "HOY NO SE FIA, MAÑANA SÍ".
Vos que toda la vida te esforzaste, que sos un trabajador muy guapo, y te hicieron creer que la culpa era toda tuya, solo tuya. Que si no llegabas a fin de mes era porque no te administrabas bien, porque habías querido vivir como rico, porque te habían malacostumbrado. Y si no podías pagar las deudas, era por falta de educación.
Pero no. Tu economía no es una isla. Tu resultado no depende sólo de tu esfuerzo.
El pan que comprás en la esquina depende de que el panadero pueda comprar harina, de que el que reparte tenga nafta, de que el vecino tenga laburo, de que la fábrica no cierre, de que la maestra cobre, de que el jubilado cobre, de que el pibe no se tenga que ir de la ciudad. Lo que le pasa a una familia le pasa a la otra. Al vecino que echan, echan un poco a todos. A la vecina que no llega, no llegamos un poco todos. Si a la cuadra le va mal, al barrio le va mal. Si al barrio le va mal, al Pueblo le va mal.
Y la economía de un país, de un territorio, no puede andar bien si a las familias les va mal. Y si en tu casa falta y en la de al lado también, no hay número que cierre, ni balanza que equilibre, ni promesa de segundo semestre que valga. Porque el país no es un Excel en la computadora de una oficina: es la suma de tus días, de los míos, de los de tu vecina y de los de aquel que, enfrente, todavía sigue esperando.
Nunca es tarde para darse cuenta. Nunca es tarde para entender que no estamos sueltos, que no nos salvamos de a uno, que el destino es destino común de Pueblo o no es destino. Que, si al Pueblo le va mal, a vos también. Y que, si queremos que a vos te vaya bien, tenemos que empezar por querer que a todos les vaya bien. Porque esa es la única economía que puede andar: la que no deja a ninguna familia en el camino.
Vos, que toda la vida te esforzaste, que sos un trabajador muy guapo... no estás solo. Y nunca es tarde para darte cuenta.
* Juan José Sánchez es Lic. en Administración; Lic. en Comercio Internacional; Especialista en Gestión de la Economía Social y Solidaria (EGESS - UNQ); y Especialista en Planeamiento Educativo (IIPE - UNESCO). Es miembro del Instituto de Investigación Cecilia Grierson de la Asociación La Carrillo, y del Partido Solidario (PSOL)