Leo Messi y Lamine Yamal se enfrentarán por primera vez este domingo en la final de la Copa Mundial de la FIFA. Será un partido histórico e inolvidable entre dos grandes estrellas que coincidieron por primera vez hace casi 20 años, en una fotografía premonitoria e icónica que fue fruto de un sinfín de casualidades extraordinarias. Un joven de 19 años bañaba a un bebé de apenas tres meses, como si fuera un bautizo o una bendición. El joven era Leo Messi. El bebé se llamaba Lamine Yamal.
"No fue una casualidad. Es un milagro", enfatiza en conversación con FIFA el autor de la imagen, el fotoperiodista Joan Monfort. En 2006 el periódico Sport empezó a publicar un calendario solidario en colaboración con la fundación del Barcelona para recaudar fondos para Unicef, con fotos de futbolistas junto a niños.
La fotografía quedó enterrada por el paso de los años. Hasta que el padre de Lamine Yamal, Mounir, la recuperó del olvido más de 15 años después y la compartió en las redes sociales en 2024, justo los mismos días que su hijo se coronaba campeón de la Eurocopa. Pronto se hizo viral e inundó las redes sociales y así volvió a la vida de Monfort. No había sabido nada más de ese bebé que un día posó junto a Messi en las entrañas del Camp Nou.
"Llevo esa foto tatuada en el alma. Fue un milagro y 20 años después sigue siendo un milagro. Fue como escribir la historia antes de que pasara. Nadie podía pensar que pudiera llegar a pasar todo lo que ha pasado. Messi se ha convertido en uno de los tres mejores deportistas de toda la historia y Lamine era un referente con 16 años, ganó una Eurocopa con 17 y jugará una final del Mundial contra Messi con 19. Es algo extraordinario", proclama Monfort.
"Yo nunca he sido una persona creyente, pero empiezo a pensar que hay algo que se nos escapa a todos. No sabría decir qué es ni de dónde viene, pero tiene que haber algo porque todo esto ha cuadrado de una manera mágica y perfecta. Y que ahora los dos estén en una final del Mundial, uno con 39 años y el otro con 19 años, es poner un lacito a la historia y cerrar el círculo", afirma Monfort con una sonrisa llena de felicidad.