Sigue “jugando” con su bicicleta
Montar en bicicleta nos devuelve, por un lado, un alma de niño y, a la vez, nos restituye la capacidad de jugar y el sentido de lo real. Así, el empleo de la bici constituye como una especie de recordatorio (como cuando se da una dosis de refuerzo de una vacuna), pero también de formación continua para el aprendizaje de la libertad, de la lucidez y, a través de ellas, tal vez, de algo que se asemejaría a la felicidad. El mero hecho de que la práctica de la bicicleta proporcione así una dimensión perceptible al sueño de un mundo utópico en el que el placer de vivir sería la prioridad de cada persona y aseguraría el respeto de todos, nos da una razón para abrigar esperanzas.¡Arriba las bicicletas, para cambiar la vida! El ciclismo es un humanismo.
(MARC AUGÉ - Elogio de la bicicleta- Pág. 107. Editorial Gedisa. S.A. (Barcelona) España. Año 2009).