Con disfraces de los emblemáticos personajes de Roberto Gómez Bolaños Chespirito, decenas de miles de mexicanos acudieron ayer al monumental estadio Azteca de la capital para agradecer a su ídolo de infancia por cuatro décadas de risas.
El féretro con los restos mortales de Gómez Bolaños, fallecido el viernes a los 85 años, arribó al estadio poco después del mediodía después de un recorrido de unas dos horas por avenidas de Ciudad de México llenas de admiradores que lo ovacionaron.
El ataúd, protegido en una vitrina de cristal, fue trasladado en una carroza roja en la que estuvo flanqueado por figuras del Chavo del ocho, acompañado del barril en el que dormía, y del Chapulín colorado con un gran corazón.
En otro vehículo del cortejo, que avanzó resguardado por motos de la policía, viajaba su viuda, Florinda Meza, estrella de sus míticas series, que hacía gestos de agradecimiento por el cariño popular.
En el estadio aguardaban decenas de miles de niños y adultos, muchos de ellos con las clásicas antenas amarillas y rojas del Chapulín colorado, otros con la playera y el corazón amarillo de este torpe y bienintencionado superhéroe o con la característica gorra y tirantes del Chavo del ocho.
Participar de esta despedida "es una forma de agradecer a Chespirito por todos estos años que nos hizo reír", dijo Eduardo de la Borbolla, luciendo un gorro rojo con el símbolo del Chapulín colorado.
"Era como un hermano, como un tío, como un padre... Por eso venimos aquí para despedirnos de él", coincidía Esteban Chávez mientras se formaba en la entrada del colosal estadio, que puede albergar a más de 105.000 personas.
México y América latina afrontan la dolorosa despedida de uno de sus comediantes más queridos, fallecido por motivos aún no especificados en su vivienda del balneario caribeño de Cancún (este), donde se trataba de sus problemas respiratorios.
Centenares de compañeros y personalidades mexicanas acompañaron a la familia del actor en una misa privada en los estudios de Televisa, la mayor cadena de habla hispana a la que Chespirito dio audiencias televisivas récord desde inicios de la década de los setenta.
Estuvieron presentes Florinda Meza y sus seis hijos, además de actores del Chavo del ocho como Edgar Vivar (El señor Barriga) y Carlos Villagrán (Kiko), quien acabó manteniendo una amarga disputa con Chespirito.
"Se ha ido un genio, un maestro. Han pasado muchas cosas pero ninguna mala, cada quien con su trabajo (...) Le debo todo lo que sé, soy un eterno agradecido. Lo quiero mucho", dijo Villagrán a la prensa antes de entrar al funeral.
Buscando hacer carrera por su cuenta, Villagrán, como María Antonieta de las Nievas (La Chilindrina) pelearon para sí la autoría y los derechos de sus personajes en pleno éxito internacional del programa.
Las series de Gómez Bolaños fueron exportadas a más de 25 países, incluidos Tailandia o Rusia, y cuatro décadas después aún siguen siendo transmitidas en algunos lugares.