Gustavo Santaolalla, el brasileño Mauricio Tizumba y otros músicos argentinos marcaron el pulso del festival.
El oficio de Gustavo Santaolalla, hábil bastonero para integrar músicos con sonoridades no siempre vecinas, y la belleza rítmica del brasileño Mauricio Tizumba y su trío, marcaron la noche del sábado el pulso de la segunda jornada del tercer Festival Internacional de Folclore Buenos Aires (FIFBA).
La multitudinaria jornada del Festival (30 mil personas pasaron a lo largo del día), inaugurado el viernes con una noche dedicada a la música litoraleña, abrazó en su continuidad ritmos del folclore sudamericano y, también, músicas argentinas de cuño norteño.
Al brasileño Mauricio Tizumba le tocó la tarea, a menudo ardua, de imponer el clima en la segunda jornada. Estuvo a cargo de la apertura, cuando el público recién se asomaba al Paseo del Bosque platense y, con notable naturalidad, cautivó en segundos a una multitud que -en su mayoría- nunca había escuchado su música.
La actuación del instrumentista se cerró con un desfile de tambores -acompañado por el la banda tecnofolk Terraplén- hacia otro de los escenarios del predio, donde Santaolalla recreaba, de algún modo, el formato intimista de un fogón.
Fue la primera de las dos apariciones en la noche de Santaolalla. En este segmento privilegió las sonoridades tenues que invitaron a cantar piezas como Adiós pueblito de Iruya (anónimo), o Río de las penas (Santaolalla).
Ese acto se cerró con Zamba, pieza del grupo Arco Iris -protagonista de los albores del rock argentino-, cuestionada en su momento en el circuito del género, precisamente, por sus sonoridades folclóricas.
En su segunda intervención de la jornada, Santaolalla se plantó ante 10.000 personas en el escenario principal, para el desenlace de una noche al mando de lo que se denominó glorias argentinas, un colectivo de músicos de procedencia y jerarquía diversa.
Así pasaron por el escenario el santiagueño Elpidio Herrera y sus Sachas Guitarras Atasmiqueñas; el dúo mendocino Raúl Tilín Orozco y Fernando Barrientos, con la coscoína Paola Bernal como invitada; el canto sensible y afinado del bonaerense Cristóbal Repetto; la coplera salteña Laura Peralta; y un cierre con Bajofondo, la banda de tangoelectrónico liderada por Santaolalla, que se despidió con su clásico Mañanas campestres.