El primer partido por la eliminatoria para el Mundial Sudáfrica 2010, frente a Chile (estadio Monumental, 13 de octubre 2007), Juan Román Riquelme, recién regresado del Villarreal de España, sacó un palo invisible para pegarle como si fuera golfista. Esa tarde hizo dos goles. Argentina empezó ganando la serie eliminatoria a la Roja de Marcelo Bielsa, que debutaba como DT de Chile, en la fase previa al Mundial 2010. Argentina 2-Chile 0. Todos los elogios se los llevó la pegada de Riquelme.
En la noche del 4 de octubre 2009, pleno Apertura -Boca de nuevo con Alfio Basile como entrenador- Riquelme salió de un esquive, corto, borde de área, y sacó otro palo. La clavó en el ángulo. Como dos años antes Claudio Bravo, 1 de Chile, esta vez lo padeció Germán Montoya, arquero de Vélez, que casi ni atinó a arrojarse. La pelota ingresó pegada en su ángulo izquierdo. Otra variante del repertorio. La gambeta del 10 de Boca había sido cortita y le dio casi sin acomodarse.
Esa noche Montoya, para darle un marco más exacto al recuerdo, sufrió un gol extraño: el insólito acierto de Martín Palermo, poniendo su cabeza en el medio de la cancha para meterla de casi 50 metros tras un rechazo del 1 de Vélez.
Riquelme hizo uno de sus primeros goles en La Bombonera también a Vélez, dirigido por Osvaldo Piazza en 1997. El 10 había llegado a la Primera de Boca, con 18 años, a fines del 96, promovido por Carlos Bilardo. Boca era dirigido por Héctor Veira y en tarde nublada Vélez ganó 2 a 1, aunque el gol de Riquelme fue comentado toda la semana.
Sobre la izquierda buscó el claro y la clavó arriba. Luego le hizo otro a Marcos Gutiérrez, en el estadio Tomás A. Ducó. En mayo de 2000, por la Copa Libertadores, en el Monumental, de noche, un tiro libre clásico desde la izquierda con el palo de golf invisible. Comba y Roberto Bonnano que no llegó con su mano derecha. La pelota fue al ángulo izquierdo. River 2, Boca 1. Luego Boca lo dio vuelta y fue campeón de América.
El domingo, en la victoria ante Colón, en Santa Fe (1-0) Riquelme se paró para hacer un centro. Es probable que haya engañado hasta a sus propios compañeros. Algunos la esperaban pasada. El arquero Diego Pozo dejó un solo defensor en una mini barrera. El hombro izquierdo de Riquelme apuntaba a la pelota.
Su posición de lanzador hizo el resto, en el ardid previo. Otra comba desde el lado donde habitualmente patean los zurdos. Pero con el efecto al revés.
De repente sacó otro palo de la bolsa de un golfista que adopta otra decisión segundos antes del golpe. Fue un derechazo seco, bombeado, al primer palo. Digno del galo argelino Zinedine Zidane, entre los últimos capaces de inventar ese gol. Que, además, a Boca le sirvió para ganar un partido complicado. Por José Luis Ponsico