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Presos que aprenden a impartir justicia, serán árbitros de fútbol

En la Unidad N° 9 de La Plata funciona un programa que capacita a los internos para que trabajen como árbitros. Luis Oliveto está al frente de las clases.
24 de marzo de 2011 - 00:00
Acá todo es lo que parece: en una cárcel no hay espacio para las metáforas. Esta pesada puerta gris, de metal, invulnerable, es eso: una pesada puerta de metal gris e invulnerable. Esos cuatro enrejados de metal con candado que parecen indomables, lo son. Y si para cruzar esa puerta y esos enrejados es obligatorio dejar documentos y teléfonos en la entrada, ahí los tenés, no me los pierdas. Acá, en la Unidad N° 9 de La Plata, todo es lo que parece. No hay metáforas: estás adentro o estás afuera.

Y es adentro, claro, donde ocurren las cosas. Es después de atravesar esa puerta y esos enrejados que aparece el aula donde un ex árbitro con nostalgia hippie se para frente a 17 presos para explicarles el reglamento del fútbol. Entonces sucede: los reclusos escuchan, piensan, hacen preguntas, debaten, arriesgan hipótesis. Ahora, y por las próximas dos horas, no habrá nada que les importe más. Y ninguno repara en lo obvio: ellos, que cayeron por no respetar las reglas de juego, están incorporando normas que tal vez en algún momento deberán hacer cumplir.

El ex árbitro con nostalgia hippie es Luis Oliveto, y junto con Luis Belatti, otro ex árbitro pero más formal, le puso la cara al programa Deporte por Penales que impulsó la Secretaría de Deportes de la Provincia de Buenos Aires. Se trata de un curso de nueve meses, dos veces por semana, con diploma y todo. Los egresados cuando salgan, obvio estarán habilitados para dirigir partidos de ligas locales y hasta de los torneos Argentino B y C. La salida laboral asegura el ex árbitro hippie, es inmediata.



Penal. Si no fuera por el guardia que controla la puerta, el aula no sería muy distinta a la de una escuela nocturna. Hay pupitres, un pizarrón verde, un escritorio, docentes parados, alumnos sentados, cuadernos y libros. Los muchachos tienen entre 30 y 40. Usan mucho jogging y tatuaje. Hay dos que delatan algo: uno, sentado en el primer banco, tiene la camiseta alternativa de River, y otro, el escudo de Gimnasia bordado en el pantalón.



Prontuarios. Por esta cárcel de máxima seguridad pasaron Gustavo Prellezo, Los Horneros, el Gordo Valor, la Garza Sosa y Marcelo Brandán Juárez, el jefe de los Doce Apóstoles. Por estos pasillos caminó hace unos años el odontólogo Ricardo Barreda. De acá se fugó Robledo Puch en el ’73. La Unidad N° 9 funcionó también como centro clandestino de detención durante la última dictadura militar.



Pero eso ya es historia. Como es historia también la pesada puerta gris de metal, los enrejados y los 1.328 presos que esperan que el tiempo se acelere. Ahora, de este lado, Oliveto trata de ponerle palabras a su iniciativa: Yo tengo amigos que estuvieron adentro y cuando salieron fue imposible que consiguieran trabajo. Nadie quiere tener al lado a alguien que estuvo en cana. Entonces me di cuenta que en el único lugar donde no te piden antecedentes de ningún tipo para laburar es como árbitro. Lo único que te preguntan es: ‘¿Tenés el pecho fuerte para bancarte la que se venga?’.

El ex árbitro de pelo largo explica que los que salgan pueden trabajar con ellos en partidos de ligas locales, que si dirigen sábados y domingos cobrarían hasta dos mil pesos por mes. Apura el cortado y saca un papel: son unos versos que escribió a partir de su experiencia docente en la cárcel. Los llamó Algo interno, y les pone voz a los presos: No tengo que darle gracias a nadie /no pretendo amor o falso cariño / hoy dispongo de una oportunidad / esa que merecí desde niño.



442.perfil.com
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