viernes 23 de octubre de 2026

Algunos poemas de Franco

38 (De Insurrección del poema, 1979)

Con los cuellos tendidos,



la ola, el árbol, la montaña acechan lo que va a venir.



Mi alma tiene la gravedad de las esposas encintas,



pero está melodiosamente alegre y canta,



-ya contemporánea de lo venidero-



canta para lo que no es pero vendrá después.



Pondero ya los futuros idiomas,



sutiles como la música, perfectos como cifras,



y las tormentas que remozarán una vez más el aire,



y los nuevos inventos que enflorarán el mundo.



Pondero ya un inédito tipo de mujeres y de hombres,



almas de más cuerdas y mejor afinadas que las de hoy.



Soy camarada de los que son y fueron



pero aún más de los que serán un día.



¡Oh, zumbo de los enjambres de días que esperan su turno!





Nocturno n° 3



Con hambre y sed de soledad,



a estas orillas vino mi corazón nocturno a pastorear sus penas.



Como en el puente de un barco mirando más allá de las olas y la noche.



Junto a mí, con su mano sobre mi hombro,



siempre el recuerdo con sus ojos cansados,



y todas mis lejanías, holladas o vírgenes.



Tú en mí, siempre, como una patria en el pecho de un héroe,



y mis sueños que tienen forma de ala y tienen el color de tus ojos.



Dolorida más que una carne el alma,



y el líquido rumor de la fuente que lava las calladas heridas.



Tu lejanía se aprieta sobre mi ansia y yo arañando en la hondura



quiero desengarzar para mandarte la estrella más latidora.



Viviéndote, maravillosa, en pulso y en respiro,



con la vehemente vigilia de las estrellas hasta el alba velaré tu recuerdo;



De pronto te me apareces...



¿Dónde?



Y cierro bien los ojos porque no te me vayas.



Pero no hay más que tu ausencia, la ausencia que agranda la noche.
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