4 de enero de 2011 - 00:00
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Espíritu de estrella: por qué Ginóbili es un All-Star
A esta altura de la temporada, puede resultar excesivo hablar de Manu Ginóbili. Quizás todavía se nos hace un poco difícil encontrar la palabra justa que aplique a la inexorable química que han construido estos Spurs.
Es probable que las nuevas generaciones entiendan el All-Star de esta manera, pero no siempre fue así. La competencia se fue degradando década a década, las paredes de los estadios fueron perdiendo el brillo de los sueños en esta clase de partidos. La defensa y los enojos fueron desapareciendo, mutando en partidos de millones de puntos basura a pura risa. A veces no entiendo cual es la gracia, pero no quisiera ser yo quien pague esos miles de dólares por un asiento en primera fila. Como fanático del básquetbol, déjenme seguir exigiendo un producto respetable, una devolución de lo que valen los jugadores que están en el rectángulo de juego.
Ahora bien, ¿por qué se dice que Ginóbili debe estar acá? En primer lugar, porque significaría un cambio rotundo de lo que viene pasando en los últimos años con la cita de estrellas. El escolta argentino es, por lejos, uno de los jugadores que mejor entiende el básquetbol en el mundo. Sabe jugar en la NBA, pero también supo hacerlo en Europa, en la liga local de Argentina y en su seleccionado. Se adapta como un camaleón, tiene la piel necesaria para acomodarse en el hábitat que haga falta.
Nos hemos cansado de decir en esta temporada que los Spurs han cambiado su modo de jugar. Han pasado de las anteojeras enfocadas en Tim Duncan a un horizonte de la luz irradiado desde todos los sectores del ataque. Principalmente, como todos sabemos a esta altura, los Spurs se han reconstruido en la velocidad y el perímetro. Han pasado de precavidos a arriesgados. Y aquí es donde Manu entra en acción: él ha sido el líder de este equipo no sólo por lo que hace cuando tiene la pelota, sino porque le ha permitido a sus compañeros tener vuelo propio. Sin egoísmos, sin problemas de cartel, arriesgando sus números personales en función de los números de equipo.
Ginóbili tiene la inteligencia suficiente para saber que solo no puede construir un equipo indestructible. Pese a sus años de protagonismo, jamás entró a una cancha con la idea de hacer 40 puntos. Si alguna vez redondeó esa marca, no la buscó desesperadamente, porque eso no hacen las estrellas que brillan para los que aman el básquetbol. Manu ha sido líder en esta liga 2010-11 por prestar la pelota, por ponerla en la pintura cuando conviene, por hacer que George Hill, Chris Quinn, Richard Jefferson, Gary Neal y compañía tengan la confianza para convertirse en preocupaciones. Y por dedicarse a defender, guiar o hacer el trabajo sucio cuando hace falta.
Manu hace a todo el mundo mejor. Es capaz de atacar el aro con tres faltas. Puede jugar defensa de equipo, defensa individual, tirar, pasar, penetrar, dijo Gregg Popovich acerca del argentino.
Ginóbili hace lo que debe hacer un líder: es mejor cuando los demás son mejores. Y ojo porque Manu no juega de base, es un escolta anotador por naturaleza. Pero, como decíamos antes, siempre ha mutado para buscar su mejor yo, para que las defensas lo vean como una caja de Pandora: dentro del rectángulo de juego tiene múltiples personalidades, uno nunca sabe cuál es su techo porque sus ramas han crecido ininterrumpidamente a lo largo de los años.
El escolta argentino ha sido el responsable de hacer en esta temporada lo que Gregg Popovich -y cualquier entrenador de la tierra- soñó: un estribillo de heroísmo sin héroes definidos.
Ha desarrollado liderazgo en muchísimas áreas, dijo R.C. Buford, gerente general de los Spurs, sobre Manu.
Seguro que habrá escépticos respecto a estas afirmaciones, pero la pregunta es inevitable: ¿por qué se dice que Ginóbili es figura en la NBA con 18.2 puntos de promedio y 4.8 asistencias por juego? ¿Acaso no hay anotadores superiores? Seguro que sí, pero quizás el escolta de San Antonio sea el ejemplo vivo de que hacer muchos puntos no sea directamente proporcional a ser mejor jugador. A veces, el maquillaje de algunos rubros estadísticos sólo sirve para resaltar las imperfecciones.
En definitiva, Ginóbili merece retornar a un All-Star (la última vez que lo jugó fue en 2004 en Denver) porque significaría hacer atractivo nuevamente a este partido. Serviría para ganarle la pulseada a la acertada afirmación de concurso de popularidad devolviéndole a este choque un poco del alma perdida. No imagino al argentino sonriendo los 48 minutos para las cámaras sea cual fuere el resultado, tirando de mitad de cancha cuando falten más de dos cuartos por jugar o evitando defender para permitir una volcada con giro de 360 grados: eso es llamativo, pero no es básquetbol.
Alguna vez Popovich definió al escolta argentino como el mayor competidor que conoció en toda su historia. Yo lo veo como el abanderado de un grupo de jugadores que son estrellas en esta Liga pero que por momentos son mirados de reojo, subestimados, como si todo el tiempo deberían demostrar algo para ganarse el respeto del resto.
Ningún jugador es tan bueno como todos juntos. Quizás esa frase ha sido el motor de empuje de Manu a lo largo de toda su carrera.
Quizás, esa frase, es la que lo tenga en discusión por el All-Star y por el premio al JMV de la temporada.
No es poca cosa.
ESPNdeportes.com
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