31 de enero de 2011 - 00:00
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La lluvia obligó a suspender la despedida
La décima noche fue reprogramada a causa del temporal. Las entradas sirven para hoy.
Pasaron cosas, dentro y fuera de la plaza Próspero Molina, en una ciudad estridente e insomne. Pasaron cosas entre los miles de músicos y bailarines, chicos y grandes, que llegaron desde los más variados puntos del país para sonorizar el valle. También pasaron cosas entre los públicos, el especialista y el vacacionante, que dio muestras de respeto y madurez, que premió con aplausos de distintos espesores las distintas propuestas. Que a su manera supo distinguir el árbol del bosque.
Por supuesto no faltaron las polémicas, que sin embargo quedaron muy por detrás de lo que pasaba en el escenario. El tema de las noches largas, más allá de molestar algún cantor poco seguro de su llegada al público y de dar a rédito a cierta prensa más preocupada en el agujero que en la rosca, se agotó enseguida: la gran mayoría de las noches amanecieron con público todavía en la plaza. Y, como señala la historia de Cosquín, mientras haya público, hay festival. También es cierto que, por otro lado, se podría haber sacado mucha hojarasca de la programación para ahorrar tiempo; o en todo caso para brindárselo a artistas más meritorios.
La puesta de Juan Carlos Baglietto resultó impactante y dio al escenario dimensiones de espectacularidad que no todos los artistas supieron aprovechar. Entre los conductores, más allá de los vestidos alusivos a los cultivos de Maia Sasovski y el grito de Fabián Palacios, sería oportuno destacar a Marcelo Simón: sus arengas fueron síntesis de su sabiduría y un hilo precioso que bajo el resplandor de los fuegos artificiales de cada apertura, ató nombres, épocas y lugares con sensibilidad poética.
También es lindo destacar que la delegación de Córdoba, sin moverse demasiado de los lugares comunes, fue la mejor representación oficial cordobesa de los últimos años en el festival.Los premios
La noche de cierre fue también la de los premios. Una vez más el más esperado, el Consagración, fue compartido. Arbolito, que en la noche del domingo ofreció un show impactante en lo visual y lo musical, y los coscoínos Ceibo fueron distinguidos. Anoche Arbolito actuaba en Puán, por lo que no pudo asistir a recibir el premio, que en nombre del grupo lo recibieron Julio Paz y Roberto Cantos, de Coplanacu.
Una vez más la comisión eligió repartir los premios entre artistas que representan, en líneas generales, las dos corrientes dominantes. También hubo distinciones especiales: para el jujeño Bruno Arias, que durante su presentación hizo subir al cacique formoseño Félix Díaz, y para el violinista formoseño Lázaro Caballero, que no invitó a nadie. Arias recibió el premio de la mejor interpretación de la canción de los años 60. Revalación la pareja de baile Bustos-Cisterna, de Choele Choel y el camin también fue por partida doble: para el gran poeta misionero ramón Ayala y para el excelente Ballet Camin, dirigido por los hermanos Wes.
También hubo menciones para la mejor puesta artística: Aymama y Chaco, monte, tierra y río tuvieron merecidos reconocimientos. El bonaerense que hace música bonaerense _ Ezequiel Romano fue revelación de peñas. Todos contentos.lavoz.com
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