Por primera vez, Claudio Borghi pudo conducir ayer un entrenamiento en el complejo Pedro Pompilio (Casa Amarilla) con casi todo el plantel con que afrontará, al frente de Boca Juniors, el próximo torneo Apertura.
Luego de la pretemporada en Pilar, de la que no participaron los mundialistas Martín Palermo y Gary Medel, y de la gira por Australia y Nueva Zelanda, esta vez se reunieron los que volvieron de Sudáfrica, los que habían ido a Oceanía y los que habían quedado aquí, por lo que puede decirse que sólo faltó Juan Román Riquelme, de quien se espera acuerde su continuidad en el club o no.
Sebastián Battaglia, que no juega desde el año pasado, se movió al ritmo de la mayoría de sus compañeros, por lo que su reaparición está muy próxima, en tanto que volvieron a cumplir con trabajos diferenciados Damián Escudero y Cristian Chávez, en recuperación de sus lesiones musculares.
El chileno Gonzalo Fierro, en Buenos Aires desde el domingo, todavía no se integró al grupo, ya que se esperan los últimos resultados de su revisión médica y la firma de los documentos correspondientes para que se ponga a las órdenes de Borghi. Al chileno se le detectó un problema ocular (lo habían operado por un desprendimiento de retina por un pelotazo que recibió), pero los estudios que le hicieron luego dieron bien.
Por su parte, el central paraguayo José Cáceres, proveniente del Sportivo Trinidense, quien se encuentra a prueba luego de haber participado de algunos entrenamientos con Quilmes, también se movió separado del grupo, en un costado del campo.
La intensa actividad en la cancha principal de Casa Amarilla consistió fundamentalmente en ejercicios de precisión y conducción en velocidad, a uno y dos toques, para lo cual se dispusieron cuatro rectángulos, dos de ellos con arcos pequeños, y los jugadores se distribuyeron en ocho grupos de tres.
Aparte, los arqueros cumplieron con tareas específicas del puesto a las órdenes del nuevo instructor, Carlos San Martín.