El jugador del mañana se edifica sobre los jóvenes de hoy en día. Recomendaciones del profesor Salorio para los centros.
El deporte en general y el fútbol en particular desempeñan un papel educativo importante en el proceso de formación de los jóvenes. El fútbol no debe ofrecer solamente la oportunidad de desarrollar las aptitudes propias del juego, sino favorecer igualmente el desarrollo de la personalidad y de las cualidades psicológicas y sociales de los jóvenes jugadores.
Las escuelas de fútbol y otros centros de formación deberán orientar sus programas de formación y entrenamiento en base al concepto de la formación global y de la acción educativa, considerando para ello las diferentes etapas de desarrollo y sus respectivos objetivos de aprendizaje.
Mientras que el entrenamiento básico y el trabajo de iniciación en el fútbol, principalmente por intermedio de juegos y ejercicios de coordinación, pertenecen claramente al dominio del fútbol infantil, es en el período de construcción, en la edad de la formación previa (11 a 15 años de edad), que se debe invertir un volumen sustancial de trabajo en el desarrollo y la educación de los jóvenes del mañana.
Dicho período es la edad de oro tanto del desarrollo de las cualidades técnicas, como las habilidades técnicas tácticas rudimentarias, y de las cualidades psíquicas básicas. Todos los aspectos fundamentales técnicos, el sentido táctico individual y los principios de base del juego se entrenan a dicha edad, al igual que las actitudes mentales como la concentración, la autoconfianza, la perseverancia, la voluntad etc.
Es menester optimizar el trabajo que se realiza en la etapa de la formación previa del juvenil. El entorno y la formación de los jóvenes deberán estar garantizados por la participación de entrenadores e instructores con voluntad educativa. En la actualidad numerosos jugadores adquieren fama gracias a la calidad de formación que le proveen en escuelas y centros de formación, siendo ello igualmente el logro de las respectivas asociaciones nacionales y clubes en dicha categoría de formación.
Somos conscientes de la importancia que tiene la edad en la que se trabaja el entrenamiento del rendimiento (16 a 19 años). En esta etapa, la importancia que se le otorga a la preparación mental y física de los jugadores es tan grande como la atención que se centra en su enfoque mental y preparación táctica, exigencias básicas para el fútbol de alto nivel.
En efecto, algunos países han lanzado algunos programas de desarrollo específicos para este nivel particular de formación. Las recientes competencias internacionales ilustran elocuentemente el excelente trabajo que se viene realizando en varios países con los jóvenes de esta categoría de edad.
En el máximo nivel de rendimiento (de 18-19-a 21 años) se requiere una etapa de pos-formación para asegurar una continuidad al término de la capacitación de los jóvenes talentos. En este contexto, nos referimos a aquellos jóvenes de 18 y 19 años que juegan regularmente en un equipo de primera división (con los aficionados o los profesionales de sus respectivos clubes). Ocurre frecuentemente que dichos jugadores no han completado aún su formación, subsistiendo así ciertas diferencias, particularmente en lo físico (por ejemplo a nivel muscular), técnico (por ejemplo en el juego de cabeza), o a nivel mental (por ejemplo perseverancia). Dichas lagunas representan un obstáculo para franquear la valla del fútbol de alto nivel. Obligados a trabajar con jugadores profesionales en entrenamientos esencialmente al juego colectivo y de competición, estos juveniles no estas lamentablemente en condiciones de proseguir regularmente su formación específica, basada en las habilidades individuales y en su propio ritmo de desarrollo.
Para remediar esta situación, recomendamos organizar sesiones de entrenamientos específicos individuales y colectivos, que tengan por finalidad mejorar la relación entre el entrenador y dichos jugadores.
Si se justifica plenamente la formación de futuros jugadores profesionales, ello se debe al hecho de que con una instrucción apropiada estarán mejor preparados para afrontar las exigencias de las competiciones de alto nivel.
No obstante, es indispensable recordar que la misión del fútbol debe ampliarse aún más, abriéndose a los valores educativos fundamentales. El fútbol debe ofrecer una verdadera escuela de la vida, que esté dispuesta a formar no sólo la élite del mañana, sino, principalmente, a todos los jóvenes apasionados del fútbol, quienes constituyen la base de la pirámide que el fútbol necesita para continuar su progreso.