Hondo pesar causó la muerte del creador de inmortales obras del cancionero popular argentino, entre ellas, la perdurable Misa Criolla.
Los restos mortales del pianista Ariel Ramírez, uno de los máximos exponentes de la música argentina, fueron velados ayer en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso de la Nación y recibirán hoy sepultura en un panteón privado del cementerio de la Chacarita.
Así lo informaron voceros de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (SADAIC), de la que Ramírez fue presidente por cinco mandatos consecutivos, hasta 2004.
Los restos del prolífico artista, creador de la Misa Criolla, serán sepultados hoy a las 10:30 en el panteón que SADAIC posee en la Chacarita, dijeron fuentes de la entidad a Noticias Argentinas.
Varias personalidades del espectáculo se acercaron ayer hasta el Congreso nacional para dar su último adiós a Ramírez, pese al diluvio que se abatió sobre la ciudad de Buenos Aires en horas de la tarde.
El deceso del pianista, de 88 años, causó un hondo pesar en el mundo artístico.
Ariel Ramírez ya no está, pero quedó su obra, su ejemplo y su hombría de bien, y los acordes de la Misa Criolla que seguiremos escuchando también desde el cielo, indicaron las autoridades de Sadaic en un comunicado.
Nació en Santa Fe el 4 de septiembre de 1921. Siendo muy chico se sentó al piano y ya nunca más lo dejó, agregó el texto, divulgado en la página web de la entidad (www.sadaic.org.ar) tras el deceso del santafesino, ocurrido el jueves por la noche.
Ramírez, creador de Alfonsina y el Mar, Juana Azurduy y Santafesino de veras, además de su emblemática Misa Criolla (que lo consagró en el mundo entero), era uno de los máximos referentes del folclore argentino.
El maestro, como lo llamaban en su círculo más cercano, falleció como consecuencia de una prolongada enfermedad, que le produjo una neumonía que se agravó debido a unos problemas renales que también sufría.
La época de mayor auge de Ramírez coincide con los años de gloria del folclore nacional y de la mano de su máxima creación, la Misa, dio la vuelta al mundo acompañado por el grupo Los Fronterizos, el percusionista Domingo Cura y el charanguista Jaime Torres.
De la primera grabación de la Misa, que llegó a ser difundida en sitios tan remotos como Japón y el Vaticano, también intervinieron el Coro de la Basílica del Socorro, dirigido por el sacerdote Luis Segade.
Luego se sumarían Mercedes Sosa, con quien también grabó Mujeres Argentinas; Lolita Torres, con quien registró en un disco La Hermanita perdida, dedicada a las Islas Malvinas; y Zamba Quipildor, en sucesivas etapas de su carrera. Quipildor ocupó, como solista, el espacio de Los Fronterizos en la Misa, al igual que lo hizo la Negra Sosa.
Ramírez, que comenzó su carrera de éxitos con la banda de sonido de Los inundados (la película de Antonio Birri que marcó una época de oro para el cine testimonial argentino) fue también presidente de SADAIC.